jueves, 19 de mayo de 2016

De discursos, conspiraciones y estrategias. ¿Y ahora qué? Infraestructuras.

No son conjuras pero se les parecen.
Los que nos pensamos en la tradición marxista tenemos vedado hablar de conspiraciones. Primero porque desde Babeuf  y la Conspiraciones de los iguales llevamos mala fama y, segundo, porque se nos ha achacado  tener una concepción conspirativa de la historia, para peor economicista.
Hablo de foros internacionales de políticas públicas. Hablamos de estrategias y de sus cambios, que ahora mismo parece haberlos. En un contexto de nuevos fenómenos. Económicos. Y políticos, por supuesto.
Inversión en infraestructuras parece ser la orientación de los grandes grupos financieros frente a la volatilidad y la incertidumbre, esto es, frente al riesgo de no cobrar los préstamos.
En mi opinión indagar sobre esto e parece necesario para atisbar el rumbo del nuevo gobierno, su continuidad y diferencias con el anterior. Sobre todo teniendo en cuenta la aparente magnitud de los cambios políticos en Latinoamérica.
Cuando Clarín le publica un artículo a Lo Vuolo, bueno y en página central impar, contra la financiarización algo parece extraño. O, al menos hace ruido.

Una analista financiera española decía en marzo: “El comienzo de 2016 ha estado dominado por la volatilidad y la incertidumbre en los mercados mundiales, un contexto en el que cobra interés cualquier propuesta de inversión que pueda ayudar al inversor a sobrellevar este difícil contexto de mercado. En ese sentido, las empresas cotizadas de infraestructuras pueden constituir una alternativa, según explica Nick Langley, fundador y codirector de RARE, una boutique de fondos australiana especializada en este activo […]”. 

La cuestión ya venía siendo planteada en Davos, donde se reúnen anualmente en el Foro Mundial Económico los principales líderes empresariales y en el que este año estuvo presente nuestro presidente empresario. Ellos “han reclamado que se adopten nuevas reformas estructurales en la economía global con el objetivo de fomentar el crecimiento económico. […] El vicepresidente de General Electric (GE), John Rice, incidió en la importancia de las infraestructuras para el crecimiento global. […] A este respecto, el cofundador y consejero delegado de Carlyle Group, David M. Rubenstein, remarcó que desde que gobiernos y bancos ya no financian inversiones en infraestructuras tanto como el pasado, cada vez más proyectos de este tipo se financian con capital privado
Carlyle Group es el “primer gestor mundial de valores financieros y fondos de inversión, agrupa a la flor y nata de la política mundial. Dirigido por el ex Secretario de Defensa Frank Carlucci, incluye tanto a George Bush padre como a los Bin Laden, George Soros, Mijail Jodorkovsky o John Major”.

En 2015 se realizó la Cumbre de Desarrollo Sostenible de la que surgieron los 17 objetivos para el año 2030. Todos ellos giran sobre el Objetivo n° 9: “Las inversiones en infraestructura (transporte, riego, energía y tecnología de la información y las comunicaciones) son fundamentales para lograr el desarrollo sostenible y empoderar a las comunidades en numerosos países. Desde hace tiempo se reconoce que, para conseguir un incremento de la productividad y de los ingresos y mejoras en los resultados sanitarios y educativos, se necesitan inversiones en infraestructura.
El ritmo de crecimiento y urbanización también está generando la necesidad de contar con nuevas inversiones en infraestructuras sostenibles que permitirán a las ciudades ser más resistentes al cambio climático e impulsar el crecimiento económico y la estabilidad social. Además de la financiación gubernamental y la asistencia oficial para el desarrollo, se está promoviendo la financiación del sector privado para los países que necesitan apoyo financiero, tecnológico y técnico.”

Esto sucede, como todos reconocen, en un contexto mundial de recesión. Pero también en un proceso de revolución en la producción. Por supuesto ambos aspectos no están desvinculados.

Para inversiones en infraestructuras, como vimos las vinculadas a esta revolución tecnológica (transporte, riego, energía y tecnología de la información y las comunicaciones), son necesarios proyectos viables y gobiernos confiables. ¿Qué mejor entonces que una especie de nuevos “protectorados”, esta vez económicos?

Bertrand Badré es Director gerente y oficial financiero principal del Grupo Banco Mundial, Bertrand Badré es responsable de las estrategias de gestión financiera y de riesgos del Grupo Banco Mundial y de las instituciones que lo conforman. Fue ejecutivo de Eurazeo uno de los grupos inversores más importantes de Europa. Un artículo del Financial Times reproduce algunas expresiones suyas. "Los problemas son tanto de los proyectos como de la oferta de capital. No hay suficientes proyectos viables".
Coincide con Jim Barry, director de infraestructuras de la gestora de activos BlackRock,  la mayor empresa de gestión de activos del mundo. "No existe ninguna correlación entre la cantidad de infraestructuras necesarias y las oportunidades rentables para el sector privado".
Dice John Authers, autor del artículo: “Los críticos dicen que aunque los gobiernos tienen una amplia lista de proyectos, no hacen lo suficiente para convencer a los inversores reacios a correr riesgos de que los proyectos se materializarán o de que serán rentables”.
"Es realmente un problema de política pública. Si hubiera un marco financiero y fiscal sostenible, los inversores aportarían el dinero para los proyectos enseguida", dice Cherian George, de la agencia de calificación Fitch.
“Para los gobiernos, -dice Authers- tratar con el sector privado representa un dilema político básico: hacer que los ciudadanos paguen por algo que antes era gratuito es impopular”. También “está el tema de que generalmente se tarda mucho más tiempo en finalizar un proyecto y que sea rentable que lo que dura normalmente la legislatura de un gobierno democrático. Por tanto, es más fácil vender la idea a los inversores si estos tienen la garantía de que el gobierno no va a cambiar”.
Está claro que los inversores privados tienen apetito por las infraestructura. Según una encuesta realizada a grandes fondos de pensiones por la consultora Create de Londres, el 38% tenían previsto incrementar su inversión en infraestructuras en los próximos tres años, más que en el capital riesgo, los hedge funds o la mayoría de activos. Pero esa inversión conlleva un riesgo por la falta de garantías, especialmente en los mercados emergentes”.
“Una solución radical es la que han planteado fondos de pensiones canadienses: eliminar a los intermediarios y gestionar los proyectos ellos mismos”.
Probablemente a esto llamen asociación de lo público con lo privado.

¿Clarito verdad?
Capitales sobran. El asunto son los gobiernos que garanticen la ganancia.
El precio de las materias primas, los commodities con los que se jugaba a los futuros, todavía no han vuelto a ser los de antes, y no es seguro que lo vuelvan a ser. Prestar es un riesgo que ya asumen pocos. Los Estados y los propios ciudadanos ya están demasiado endeudados. Entonces, apetito de inversiones en infraestructuras. El mercado de futuros pqrece haber quedado demasiado en el aire: volátiles e inciertos.
En los mercados emergentes para evitar malos tragos, más que inversión en capital de riesgo, los hedge funds, inversión en infraestructuras, gobiernos confiables que aseguren la continuidad del negocio y gestión propia, directa.
Estas son las políticas públicas que propician las Naciones Unidas de consuno con los empresarios de Davos. Allí fue nuestro procónsul.
Nada del Estado protector sino “protectorado financiero”. ¿Será este el nuevo papel del Estado?

¿Cuál es en este contexto el papel del trabajo, de la pobreza, de la desigualdad, del consumo y de algunas ideologías? En esta nueva estrategia, si no estoy errado.



Edgardo Logiudice

Mayo 2016

domingo, 8 de mayo de 2016

Urbi et Uber. ¿Economía colaborativa?

Uber es un fenómeno urbano, de la urbe. Uber utiliza graciosamente la ciudad. La consume, la usa como propietario. No como el explotado o autoexplotado mantero o cartonero o el simple mendicante. Como medio de producción de valor. Se trata de otro tipo de propiedad y tiene su sede en San Francisco, California. Y fue a raíz de San Francisco, pero de Asís, que apareció la gran distinción en uso y propiedad. El asunto, por supuesto, trasciende este juego. También trasciende el problema de los taxistas. Y de las reglamentaciones.
Está en juego la cuestión de lo público y lo privado.                                 


Economía colaborativa.

Uber viene en el combo de la economía colaborativa. Fenómeno ligado al consumo y a las tecnologías de la información y comunicación. Pivotea sobre un argumento irrebatible: el hiperconsumo genera grandes cantidades de bienes ociosos. El automóvil es uno de ellos. En el combo también se junta el tiempo libre. Conjunto confuso de fenómenos tan dispares como pueden ser los bienes y los servicios.
En algunos casos hasta desaparece la relación monetaria, cambio de uso por uso, trabajo por trabajo. Quizá la relación de intercambio más arcaica, refuncionalizada por una aplicación, por la tecnología. Un trueque.
Todo esto da apariencia de colaboración entre iguales, horizontalidad y voluntariedad.
Una comunidad virtual. Sin lucro. Y, junto a ello el valor prioritario del uso de las cosas frente a su propiedad o, mejor dicho, al título de propiedad. De la propiedad burguesa a la que va unida la posesión que permite el uso, excluyendo de ello a los demás.
Cuando no hay relación monetaria parece desaparecer la relación mercantil. El uso de hecho se autonomiza o se desprende del título de propiedad.


El uso de facto.

En el Siglo XIII aparecen las órdenes mendicantes que repudian la riqueza, el dinero y la propiedad. Consumir sólo lo que Dios provee. En Asís, San Francisco. Como reacción contra los monjes encerrados en sus monasterios, los mendicantes toman las calles para predicar. La tecnología provee la aplicación del atrio móvil que permite la liturgia fuera del templo. Y hacen uso de las calles, caminos y ciudades de Europa a pié llevando el evangelio a cambio de pan duro. Comunidad de la pobreza, negación de la propiedad, el comercio y el trabajo.
Los cambios de época impulsan a muchos frailes a los conventos. La salvación del alma de los más ricos incentiva las donaciones para ser enterrados en tierra de santos.
Los conventuales tienen su uso, negándose a ser propietarios para respetar la regla de la pobreza. Se benefician así llevando una buena vida.
Durante algunos papados la Iglesia lo tolera, pese a la competencia y el escándalo. Hasta que un jurista llega como Papa y éste sostiene que la propiedad no puede separarse del uso. El uso corresponde siempre al derecho de propiedad. Si alguien consume (y usar es un consumo desplegado en el tiempo) sólo puede hacerlo legítimamente si es propietario. Y la propiedad es siempre privada. Los frailes son propietarios, no hay bienes comunes del convento. Si quieren seguir la Regla de la pobreza sólo pueden recibir bienes en nombre de la Iglesia. Se acaba así el escándalo y la competencia. Si usan los libros, ropas, utensilios y alimentos será con autorización de la Iglesia, del Papa.
Los conventuales franciscanos no se dieron por vencidos y hallaron su defensor en Guillermo de Ockham. Y Guillermo sostiene que, antes del pecado original, Adán y Eva, tenían el uso de hecho de todos los bienes, puesto que la propiedad sólo fue creada para defender ese uso sin ser molestado, vale decir cuando ya los pecadores no estaban solos. Quedaba así separada la propiedad de su uso de hecho. Con lo que los franciscanos podían seguir ostentando el título de pobres disfrutando los bienes y la Iglesia el título de propietaria.
Un comentarista ha dicho “la Iglesia quedaba dueña del humo y los franciscanos se comían el asado”, separados que fueron el uso y el consumo de hecho de la propiedad de derecho.


La cosa común.

Antecedente o no, lo cierto es que en la economía colaborativa, el uso de hecho queda separado de la propiedad, como lo vimos. Pero no hay acá ningún uso común sino, al contrario, al menos en el caso de Uber, un uso de hecho privado de la cosa común: la calle. La aplicación no es precisamente la del atrio móvil para predicar, conducta que quiere ser reglamentada por el “protocolo”, sino de ocupación del espacio común para lucrar.
Y Uber es tenido como paradigma de la economía colaborativa. La palabra compartir no solamente actúa como velo de un intercambio mercantil cualquiera por nuevos medios de comunicación y una precarización de las relaciones laborales (así fue reconocido por un tribunal de los propios Estados Unidos) sino que, además, es una nueva apropiación privada del espacio público, la ciudad.
Pero esta es también una nueva apropiación del trabajo ajeno, no solamente por la comisión que se lleva del propietario del vehículo adherido al sistema, sino del trabajo ajeno que implica el sostenimiento de la ciudad, que pagamos los ciudadanos. Porque para que esos vehículos puedan circular es necesario mantener la infraestructura. Trabajo futuro, apropiación de trabajo futuro.
Por supuesto que el problema no es la tecnología de la aplicación que puede ser muy útil para muchas otras cosas.
Pero esa tecnología tiene propietarios, que ya no son los propietarios clásicos que el Papa de la narración quería endosar a los frailes. No solamente por los montos: la última valuación de Uber es de 62.500 millones de dólares. (Ford tiene un valor bursátil de 49.100 millones y General Motors de 45.000). Sino porque es el asiento de la nueva propiedad financiera.
Como vimos Uber no es propietaria de los vehículos y, salvo para el fallo citado que considera que los choferes son empleados suyos, tampoco tiene un ejército de conductores. Su valor es el de la perspectiva de ganancia, la plusvalía futura. El asiento 
De la nueva forma de la propiedad. La propiedad de intangibles, ya no la de los libros, utensilios, vestimentas y alimentos de los conventuales.


Aplicaciones y capital financiero.

“La fiebre inversionista en Uber continúa. Ahora es el turno de grandes fortunas que están interesadas en entrar en este momento en el accionariado de la compañía con la vista puesta en las altas plusvalías que podrían obtener en una futura salida a Bolsa.
Merrill Lynch y Morgan Staley han comenzado a ofrecer acciones de Uber a clientes con un elevado patrimonio neto, según informan varios medios estadounidenses. Los títulos de Uber no están al alcance de cualquiera, puesto que los bancos exigen una alta inversión para poder entrar en el capital de la compañía.
Concretamente, Merrill Lynch está ofreciendo las acciones a clientes que tengan un patrimonio neto superior a 100 millones de dólares y exige una inversión mínima en Uber de un millón de dólares. Por su parte, Morgan Stanley ha establecido una compra de, al menos, 250,000 acciones. […] Goldman Sachs, uno de los primeros inversionistas en Uber, también vendió en el pasado deuda convertible de Uber a algunos de sus grandes clientes”. (El Economista, México, 14 de enero 2016).

Goldman Sachs, Merry Lynch, Morgan Stanley. Agentes de la reestructura de la deuda argentina. De los acreedores, claro.
Usuarios de facto de la ciudad. Economía colaborativa.

Edgardo Logiudice
Mayo 2016.


domingo, 1 de mayo de 2016

Los CEOS, el Estado, la intelectualidad. ¿Y ahora qué?

Breves apuntes.


En la medida en que las relaciones sociales; de los hombres en general y de los productores en particular, se hallan cada vez más mediadas en el complejo del poder económico, al punto que se despersonaliza su dominación a través de todo tipo de subcontrataciones, parece desaparecer la mediación política clásica.

Los partidos políticos tradicionales legitimados en la representación parecen haberla abandonado sustituyéndola por la “capacidad de gestión”. Se anuncian como expertos, particularmente de los respectivos presupuestos fiscales. Presupuestos que en la casi totalidad de los países gira en relación a préstamos en sus distintas variantes. Estamos en la época de la economía de la deuda.  Los presupuestos giran en torno a la capacidad de endeudarse. Estados Unidos es el mayor deudor del mundo (parece que el único que se salva es Noruega). Los gobiernos giran alrededor de la gestión de las deudas. Todavía gobiernan a través de la técnica electoral, como si fuera lo mismo que la representación y, como si también fuera lo mismo, democrática. Aun así los mecanismos electorales vienen sufriendo una tendencia fuertemente abstencionista en la mayor parte de los países. Para las grandes masas migrantes directamente no existen.

Para los grupos financieros, en la medida en que los préstamos se afianzan como inversiones directas, los aparatos del Estado aparecen como mediaciones inútiles, y costosas. Si bien los costos los pagan los contribuyentes, liberarlos de su imputación a los mediadores significa más dinero disponible para sus propios gestores. Y sus negocios. O negociados.

Los préstamos a interés, venta de dinero, que de eso se tratan las llamadas deudas soberanas, en el proceso de financiarización, parecen constituir hoy la parte hegemónica del capital fusionado en las cadenas de valor global. La hiperliquidez de capitales, el estancamiento productivo, la volatilidad de los commodities, hacen temer por la estructura del edificio financiero basada solamente en la ingeniería de los futuros.
De allí la tendencia a las inversiones directas, muy distintas a las de las filiales del siglo XX.
Dirigidas en particular a la agroindustria, minerales, infraestructuras, energía y tecnología de comunicaciones, es decir los resortes económicos y estratégicos fundamentales.
Pero, además y -según parece- sobre todo, constituyen una garantía más efectiva que las rentas del Estado. Puesto que éstos suelen pagar sus deudas con más deudas. Es decir, riesgo.
Se trata de verdaderos imperios flotantes, itinerantes, que, a la vez que concentran las decisiones, fragmentan la ejecución. Imperios, o supraestados sin fronteras físicas, ubicuos, donde el trabajo es cada vez más social en la integración global tanto de la producción cultural como “material”, pero que aparece como individual, independiente. Así lo es con las figuras delos trabajadores “autónomos”, de los innovadores y emprendedores, pero también en la figura del CEO liderando un equipo. Un director ejecutivo al que se le atribuye un talento individual, singular.  De allí la importancia otorgada a la formación de líderes. Estos constituyen, como cuadros expertos, la intelectualidad orgánica de los sectores dominantes. Se trata de una nueva intelectualidad de tipo pragmática.

Recientemente se realizó en Dubai un encuentro internacional sobre la formación profesional y la educación entre expertos pertenecientes a universidades e instituciones privadas. Entre ellos algunos que han tenido funciones públicas (uno había sido secretario de Estado de Educación de Obama). Participaron también algunos funcionarios actuales de 22 estados, entre ellos Esteban Burlich.

Allí se realizó una encuesta con un título algo provocativo, algo así como si las universidades todavía sirven para algo. Por muy escaso margen triunfó la posición afirmativa. Pero la intervención de un importante hombre de negocios fue muy clara: necesitamos profesionales que realicen nuestros objetivos.

Ese parece ser el perfil de la nueva intelectualidad. Y esos expertos son los ceos que relevan a los llamados políticos en las funciones del Estado. Una de sus características, se señaló allí, es la carencia de visión general de las cuestiones.           

Y ese parece ser también el paradigma epocal en los partidos políticos, viejos y nuevos. Líderes que apelan a la representación sólo en tanto técnica electoral. Por ello es bastante común la “puerta giratoria”. De la actividad privada a la pública y de ésta a la primera. No solamente en los gobiernos nacionales sino en los organismos internacionales. En los primeros para evitar los “conflictos de interés” se inventaron los “fideicomisos ciegos” que no son más que una  manera de llamar a los testaferros con otro nombre. En los organismos internacionales, particularmente de crédito (Banco Mundial, FMI, etc.) ese recaudo ni siquiera aparece. La mayor parte de los directivos son o han sido ceos bancarios o financieros. Pero también ocurre, por ejemplo, en la FAO.  De estas cosas hablamos cuando lo hacemos de la “ceocracia”.

En la medida en que fue cayendo la máscara de la representación de la soberanía popular las leyes no aparecen como expresión de la voluntad general. Está claro que, en realidad, nunca fueron ni una cosa ni otra. Pero la ideología contractual que la sustentaba fue la forma de legitimidad por excelencia del Estado moderno y, en ese sentido, alentó la participación de los comprendidos como ciudadanos en las decisiones políticas, es decir en las decisiones que afectan la conducta de grandes sectores de la población. Cuando y donde las organizaciones populares pudieron acumular fuerzas la ideología de la democracia representativa llegó, al menos potencialmente, a resultar peligrosa para el poder económico.

El liderazgo no es un fenómeno moderno, pero lo que así llamamos ha sufrido y sufre determinaciones históricas. No es lo mismo el líder guerrero que el cívico. Y transformados los partidos políticos en meras máquinas electorales su figura también fue refuncionalizada. Líderes constituidos al efecto, construidos desde la publicidad. Una técnica de liderazgo centrada en supuestas características personales. Una de ellas la experiencia de gestión. Con lo cual quedó abierta la puerta a los verdaderos gestores sin que éstos tengan que agregarse aditamentos de idearios políticos o pasados de evocación histórica o algún tipo de identificación específica. Precisamente porque no se acude a ninguna representación El discurso ambiguo pretende ser genérico, abarcar a todos, pero centrando en la eficiencia.

El desprecio a la deliberación representativa ya venía unido a las decisiones del líder y los órganos ejecutivos, particularmente económicos. Se abrió la puerta a los decretos y resoluciones con la misma fuerza de la ley de los parlamentos. Ello fue denunciado en casi todas las “democracias” de Occidente. Hasta que el asunto ha sido naturalizado como estado de excepción frente a la urgencia de las medidas económicas, como si se tratase de economías de guerra. Entre nosotros los célebres DNU. La necesidad y la urgencia son el atajo para las medidas excepcionales del tipo de estado de guerra, de necesidad, de sitio, resumidos en el Estado de Excepción reinante en el mundo, asociados a las dictaduras y al terror de estado. Una especie de estado de excepción económico.   

Con esto nos tenemos que enfrentar. Y ello implica desafíos prácticos e intelectuales. Actuales y concretos. Si estos cambios en las formas políticas se relacionan, directa o indirectamente, con nuevas estrategias de los sectores capitalistas dominantes -como parece-, será conveniente profundizar en ellos. No parece que se pueda volver a viejos esquemas. De poco parecen servir las organizaciones políticas tradicionales, convertidas en agencias de publicidad.
En el mundo aparecen otras búsquedas, todavía resultan insuficientes puesto que el sistema dominante las suele absorber. Pero no queda otro remedio que seguir intentando. Sin fórmulas reductivistas ni mesiánicas. Ni nostálgicas. Apelar al pasado puede congregar y derivar en algún movimiento político social, pero también puede agotarse en sí mismo si no entrevé, no conjetura, un horizonte distinto. Las memorias de luchas no son suficientes si no sabemos bien porqué luchar. Socialismos, anticapitalismos, anticolonialismos son banderas identificatorias de rebelión, insumisión, pero son abstracciones. Lenguajes que ya pocos entienden algo más allá de los ámbitos muy politizados o académicos. Jerga de convencidos para convencidos. Me temo que no hayan escapado de allí, de ese espacio, las propias posiciones críticas de izquierda al discurso del proceso saliente. Creo que no se superaron los términos de las problemática planteada por él. En verdad bastante pobres. Discursivamente nacionales, populares y hasta patrioteras.
Si hay alguna razón para que ello fuera así, creo que ha sido cierta negligencia de la intelectualidad autodefinida progresista o de izquierda, entusiasmada con cambios políticos regionales pretendidamente autonómicos, en estudiar los nuevos fenómenos que, alumbrados en los años 70/80, ya se habían asentado al comenzar el milenio. Los cambios estratégicos del sector financiero del capital fueron posibles gracias a lss gigantescas transformaciones en los modos de producir y de apropiación. La revolución en la agricultura es un ejemplo que pone a prueba el significado actual de una reforma agraria, al menos en grandes zonas del país. La financiarización de la agricultura (esos fueron sus commodities) cambió el sistema de relaciones sociales en el agro, la agroindustria y, con ello el papel de la tierra. La urbanización es otro ejemplo. Con ella el crecimiento de los servicios, lo suficiente para preguntarse ¿Qué tiene que ver el sustitutivo con ello? No parecen muchos los que de eso se han ocupado.         

Creo que para bucear algún orden distinto, el punto de partida es la crítica, no sólo al sistema y sus efectos, sino a su ideología, a su nueva ideología que no se agota en el genérico “neoliberalismo”. Pero ello implica una crítica a muchas de nuestras concepciones sobre los mecanismos prácticos de apropiación del trabajo, de dominación, de control, del disciplinamiento ideológico por fuera de los aparatos del Estado. Alejados de la revolución cultural y material que supera en mucho a la famosa Ley de Medios. Revolución que produjo (produce) un desplazamiento no sólo de agentes de la producción material incorporando otro tipo de agentes adaptados a las nuevas técnicas y con nuevas subjetividades, sino también un desplazamiento de la intelectualidad tradicional. Parece que se trata de generar jóvenes talentosos y competitivos. Con ello se consolida la escisión social. La temida desigualdad extrema que preocupa a muchos economistas, sociólogos, filósofos. Más a Francisco, pese a todo, que a muchos “políticos”. Los desplazamientos significan no solamente pobreza material sino pobreza intelectual.
No faltan intentos de abordar y superar los nuevos problemas, pero creo que quedan aún en esfuerzos individuales. El desafío es colectivo. Y no solamente para la izquierda en cualquiera de sus variantes. Basta mirar los efectos de estas políticas: guerras, armamentismo, corrupción, hambre, degradación del planeta y sus habitantes.

Anuladas, neutralizadas o amenguadas las mediaciones políticas – lo que comúnmente llamamos política – fuera del espectáculo chicanero, entre farandulero, deportivo y policial en la televisión (con las mismas caras y argumentos repetidos hasta el hartazgo), la actividad parlamentaria sólo significa algunas componendas para darle forma de procedimiento legal a las decisiones ejecutivas. Y las decisiones desnudas son algo más que formas autoritarias. Si quisiéramos darle un nombre de la jerga política diríamos que se trata de un neo-fascismo, cuyo consenso se asienta en mediaciones de lo que llamamos mercado. Las nuevas relaciones sociales surgidas de la economía de la deuda. Podríamos así decir el fascismo de las deudas. Si se quiere ser menos preciso, fascismo de mercado. Lo que se traduce en que todo ciudadano es un terrorista virtual.
Porque, aunque no se deje –lo vemos- de apelar a ella, no es la fuerza de la violencia física el principal recurso de dominación. No tiene la apariencia de una guerra directa clase contra clase. Por un lado porque las clases tradicionales aparecen desdibujadas por la fragmentación y las subcontrataciones, por otro porque las formas de apropiación del trabajo ajeno exceden los marcos del salario y las remuneraciones. El endeudamiento de hogares a través del consumo es una forma de apropiación del trabajo futuro. Sobrevivir hipotecado.
Ello conlleva un sinnúmero de relaciones sociales obligatorias que no aparecen como tales, constituyendo las verdaderas mediaciones más fuertes pero menos explícitas que las mediaciones políticas. Pero son políticas en la medida que deciden las conductas de grandes grupos humanos. Son tan violentas y tan represivas como las que se ejercen desde el monopolio de la fuerza del Estado.
En esto se apoya y legitima la ceocracia, aparente gobierno legal de los gerentes como falsos mediadores.

Falsos mediadores políticos, fascismo de mercado. Demasiado sencillo decir “negocio manejado por sus dueños”. Vuelta al FMI, ajuste y endeudamiento eterno. Creo que la cosa va más allá. Incorporación del país y sus productores, la  clase-que-vive-del-trabajo al papel de proveedores primarios de las cadenas globales de valor, sobre las que pivotea y hegemoniza el capital financiero. Incorporación selectiva, lo que significa recluir en el gueto a los sobrantes, los excluidos. Con el falso asistencialismo de asignaciones universales, como coartada para suprimir bienes públicos. El caso de Bélgica es elocuente. La asignación libera al estado de cualquier responsabilidad.

Seguirán las luchas clásicas, por los salarios, el empleo, las condiciones de trabajo, de vida, por la inclusión; porque los problemas existen. Pero que habrá que tener presente que esas luchas están subordinadas a otras nuevas. A la vez específicas pero más generales. Un desafío. Me parece que ignorarlas condena la utopía a una abstracción infecunda, no sólo imposible sino improbable.     

Edgardo Logiudice

Abril 2016

martes, 1 de marzo de 2016

Autocríticas postelectorales.

Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos.
Jeremías 4:22. Reina Valera 1960.


Estos tiempos no parecen de críticas tardías. Se impone la urgencia de parar a la bestia.
Ni tampoco de autojustificaciones no reclamadas. Mucho menos de reproches.
Pero parece que algunos compañeros se han visto obligados a hacerlo con, al menos la declarada, intención de promover un debate sobre las causas de la derrota.
Así desde dos distintas posturas, aunque convergentes, lo han hecho Mempo Giardinelli y Atilio Borón. Ambos se definen como acompañantes del proceso kirchnerista. Ambos sostienen haber hecho cuestionamientos críticos.
Para ambos la derrota electoral se podría haber evitado, fue "gratuita" dice Atilio. Coinciden en la existencia de gruesos errores. Aislamiento, incapacidad para tejer alianzas. Cosas básicas en la "gran política". La negociación, "que eso es la famosa gobernabilidad" dice Giardinelli. Pese a la estatura de estadista inteligente y aguerrida de la encargada de la jefatura. Líder.
Además está el "entorno". Y finalmente el pueblo que, para Mempo, también se equivoca.
De paso ¿por qué no? el reproche al voto en blanco. Para el que Borón recurre a sus conocimientos de la teoría de los juegos: unos hacen el gasto y otros aprovechan, sin riesgo, el beneficio. Los que hacían el gasto eran los que votaban "desgarrados" a Scioli y los otros "se iban a dormir con su conciencia revolucionaria en paz". El compañero Atilio.

El discurso de Giardinelli es un discurso al interior del peronismo[1]. Para él "el kirchnerismo hizo una revolución democrática con innovaciones políticas, reformas institucionales, económicas y sociales…y sin dudas estos 12 años fueron una fiesta para vastos sectores populares". Un artículo periodístico de un reconocido escritor. Que tiene el derecho de hipostasiar al Pueblo para, luego, cargar las tintas sobre la responsabilidad y las características del Líder y los errores de aquél pueblo. Como Jeremías. 
El texto de Borón es presentado como un "ensayo". Y el autor no ahorra títulos para presentarse: "un pensador revolucionario, anticapitalista, comunista" que reivindica el marxismo y el materialismo histórico. Títulos suficientes para merecer algo de atención. Más aun cuando a esos galardones se les pueden agregar muchos otros, como su doctorado en Harvard. Y su amplia trayectoria académica de las que resulta el conocimiento de prestigiosos autores con cuyas citas nos enteramos, por ejemplo, de que "en política la forma es el fondo".

Ni todos esos títulos, ni ser un hombre público,  con llegada a medios de prensa nacionales y regionales, presencia en congresos y foros internacionales, le valieron a Borón para hacer llegar sus críticas "expresadas con la intención de mejorar lo que debía mejorarse". "Esas críticas…estaban condenadas al ostracismo. Sobrevivían en los pequeños círculos de los amigos, que compartían la preocupación…pero no pasaban de allí". Patético: "La voz de orden era, pues, de acompañar el proceso y abstenerse de formular críticas o, en caso de hacerlas, cuidar que la misma no trascendiera más allá de un insignificante cenáculo de iniciados". ¿El pensador revolucionario, anticapitalista y comunista está diciendo que el fascismo ahogó su voz? Puede ser, ya que ni él, marxista ni Giardinelli, peronista, cuentan entre los "errores" del kirchnerismo la ley antiterrorista.

Dispuesto, ahora, a cumplir con "una suerte de juramento hipocrático a decir la verdad a cualquier precio", atendamos a los análisis de su ensayo.

Atilio nos advierte que el peronismo no es revolucionario, nos explica porque había que apoyar al kirchnerismo y nos dice que deberemos hacer de aquí en más.
"Es sabido que una experiencia de matriz peronista inevitablemente carece de la radicalidad que las condiciones actuales exigen". Tomamos nota. "Sus contradicciones son inocultables: promoción del «capitalismo nacional» pero vigencia de las leyes de Inversiones Extranjeras y de Entidades Financieras de la dictadura militar.." Y así AUH pero regresividad tributaria, YPF sociedad anónima con acuerdos secretos, alianza con Barrick, Chevron, Monsanto…enumera Borón.
"El kirchnerismo no tenía la superación del capitalismo en su agenda, ni siquiera remotamente". "La izquierda, para ser tal, es necesariamente anticapitalista". "¿Por qué brindarle entonces un apoyo crítico?...Kirchner sintonizó muy rápidamente, al inicio de su gestión, con el nuevo clima político regional…Su indocilidad ante el FMI también lo hizo merecedor del apoyo de las fuerzas de izquierda". Tal indocilidad se agrega a los conocidos latiguillos del cambio de la Corte, etc.

Méritos tales, entonces para que aceptemos que la izquierda debía hacer una "alianza táctica con el kirchnerismo": remendar una Corte que se caía sola, disfrazar el pago de la deuda con la palabra desendeudamiento. Claro es que "teniendo en cuenta las duras realidades del tablero geopolítico mundial ¿en qué otro lugar podía estar una fuerza de izquierda?". Es que, "uno de los grandes enigmas de la política latinoamericana es la sistemática ceguera de un sector de la izquierda ante las multifacéticas políticas del imperialismo en la región". Tomamos nota de nuestra ceguera que nos impide ver que Barrick, Chevron, Monsanto, no tienen nada que ver con las multifacéticas políticas del imperialismo. Tampoco la Ley de Inversiones Extranjeras, ni todo lo que Borón contabiliza como "contradicciones": el protagonismo "del rechazo del ALCA pero sin ingresar al ALBA". Como para Giardinelli, la corrupción es un mal endémico argentino.

Dado que Borón alega las explicaciones dialécticas ¿puede el lector intuir al menos que esas contradicciones no sean contradictorias? ¿Que sean en realidad formas de las estrategias en ese enigmático tablero geopolítico como una cara más de las multifacéticas políticas?
Políticas de restauración del Orden. ¿Que la forma de contradicción no esté ocultando su función gatopardística?      

La izquierda deberá movilizarse para escuchar a Alex Kiciloff. Dice Atilio, con resonancias leninianas, "la constatación de la catástrofe que se avecinaba provocó la espontánea movilización de vastos sectores de la sociedad ante la imperdonable deserción del FpV, La Cámpora, UyO y las organizaciones sindicales…salieron a la calle imbuidos por un fervor militante como no se había visto desde las grandes jornadas de finales de 2001…esa irrupción de masas…también se manifestó en el acto de despedida de Cristina…las sucesivas autoconvocatorias…como por ejemplo la que tuvo lugar en el Parque Centenario…para escuchar al ex ministro de Economía Alex Kiciloff".
"Es ese espacio de autoconvocados y movilizados donde deberá trabajar la izquierda para construir esa alternativa que el kirchnerismo no supo ser". Bien, tomamos nota.

Desde ese atalaya, o composición de lugar Borón se propone arrojar "algo de luz sobre las causas y las consecuencias de la derrota del kirchnerismo".
Propone distinguir dos órdenes de factores causales: mediatos (económicos) e inmediatos (la campaña electoral).

De las causas mediatas el ensayista enumera: 1) la inflación, 2) el impuesto a las Ganancias y 3) el dólar (el cepo).
De las inmediatas: 1) el maltrato, por parte de Cristina Fernández y su entorno, al "único político que podía haberles evitado la derrota", Scioli; a) el error estratégico de no aceptar el "voto táctico a Lousteau" en el balotaje de la Ciudad que, de haberse adoptado "probablemente la situación de la Argentina, y de América Latina, sería hoy bien diferente"; 3) la elección de Zanini: "un error mayúsculo que podría haber sido evitado si Scioli elegía (y no Cristina) un compañero de fórmula si no atractivo al menos digerible"; 4) la imposición de Aníbal Fernández como candidato a gobernador de la Provincia de Buenos Aires. El autor sostiene que, dado que "el Papa Francisco haría asegurado un discreto apoyo al sciolismo…y sugerido la conveniencia de un hombre como Julián Domínguez, muy allegado a la Iglesia y su obra pastoral en el conurbano" era conveniente oír su sugerencia; 5) el "fuego amigo" del internismo y, 6) no haber "percibido que vastos sectores de la sociedad querían un cambio".
Todo esto que el pensador revolucionario no pudo decir sino a los allegados lo habían anticipado Marcelo Bonelli o Maximiliano Montenegro, en forma verbal o por escrito.

Finalmente el Doctor Borón, después de señalar las diferencias de estilo entre Néstor y Cristina (esta última con actitudes soberbias y limitación de su capacidad de escuchar, dialogar y hacer alianzas) y de acudir a Gramsci a Maqiavelo y a Jesús Reyes Heroles, extrae de ese análisis un conclusión teórica: el consumo no crea hegemonía.
La tesis está construida en base dos historias apreciadas bajo la lente del sociólogo.
"Un humilde lustrabotas del microcentro porteño, un hombre entrado en años, venido de una provincia pobre de la Argentina le confiesa a uno de los habituales clientes que había votado a Macri «porque estaba demasiado grandecito para soportar que la presidenta lo retara en la televisión». Otro: en un modesto almacén del conurbano su dueña debía apagar la televisión cada vez que comenzaba una cadena nacional porque su clientela ya no quería escuchar a Cristina. Y la mayoría estaba formada por beneficiarios de diversos programas sociales del gobierno".
De esta aguda observación el ensayista ahonda en su tesis. "Se confió en la magia del mercado: accediendo a algunos bienes se suponía que los nuevos consumidores retribuirían lealtad política". Para concluir: "la hegemonía es el resultado de la educación política".
Cualquiera podría preguntar ¿Y quién es el educador, los educadores? ¿el líder providencial? ¿la vanguardia iluminada? ¿el Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional?

El escritor Giardinelli nos decía que el pueblo se puede equivocar. Bien parece que los beneficiarios de los programas sociales del gobierno volcados al mercado consumista no responden de forma adecuada si no se los educa políticamente. Será que, como decía el profeta, no son entendidos, mi pueblo es necio. En suma, no estarán Maduros para entender de geopolítica.

A este ensayo llamó el autor: El poder de la crítica y la crítica del poder[2].

¿Con estas críticas y autocríticas vamos a encarar la resistencia?
Mal me temo que, si no intentamos superar este nivel de análisis del papel del kirchnerismo, poco podamos entender qué cosa significa el macrismo. Al que aquél dejó todos los instrumentos para gobernar como lo está haciendo. En las formas y en el fondo.



                    

Edgardo Logiudice
diciembre 2015



[2] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=207117

jueves, 17 de diciembre de 2015

La representación de los CEOs y la intelectualidad orgánica.

La política es el trabajo de dirigentes modernos que trabajan en equipo.
Ing° Makri, 10/12/15



La presencia de conocidos ejecutivos de empresa en el nuevo gabinete ha generado algunas consideraciones sobre las que quizá sea útil reflexionar.
El asunto tiene apariencia, y así es utilizado como argumento, de un quiebre radical de la orientación de políticas desde el estatismo al mercado.
Algunos títulos han estampado la frase "negocio atendido por sus dueños"  queriendo señalar con ello la falta de mediación en la dominación o, de otra manera, de la supresión de la representación.
Atendiendo a que algunos de ellos no registran algún paso por la política su presencia se atribuye a un logro de renovación política propiciada por el proceso kirchnerista.

Convendría quizá ubicar estas apreciaciones dentro de un proceso.
Quienes asumen lo hacen con un nuevo discurso. El Desarrollismo del Siglo XXI. Sin más apelación al pasado que una pinceladita tenue de Arturo Frondizi.
El Desarrollo con el que se combate la pobreza a través del crecimiento.
El crecimiento está condicionado a la integración global a través de las exportaciones y las inversiones.
El desarrollismo de hoy no es la industrialización ni la sustitución -dicen- sino la inserción en las cadenas globales de valor. El Frigerio actual es para el Interior. Para la producción un financiero del holding Grupo Roberts, y luego en el Grupo HSBC, de La Buenos Aires Seguros, de Docthos y del sector minorista del Banco.

La ex presidente de la nación fue clara: "les dejamos un país normal". El camino preparado.
Efectivamente, fuera de algunos vaivenes de la contradicción con el discurso del neodesarrollismo keynesiano y de las apelaciones al Tío y a Gelbart, el camino ha quedado preparado para el nuevo discurso. Con la apariencia de un quiebre radical.
Los ejecutivos tienen a su disposición las leyes de Cavallo para negociar las deudas sin la intervención superabundante del congreso; la libre disposición de los fondos de seguridad social tan privados como los de las AFJP, pues ya están en manos de sus acreedores en forma de bonos; el manejo de las retenciones a las exportaciones y la vigencia de un régimen fiscal absolutamente regresivo. Para no abundar, el mecanismo de los decretos de necesidad y urgencia. Y, además y por las dudas, disponen de una ley antiterrorista. Ejecutar.

El camino quedó preparado por los representantes que no representan cuando, sincerando su falsa representación, la delegaron formalmente en los gestores.
"Normalizando" el país, es decir, restaurando el Orden, después de contenida la rebelión y la participación, la llamada crisis de representación, se encausó deliberadamente por el lado de la gestión ejecutiva. No es para asombrarse que los verdaderos ejecutivos tomen el relevo.
Más se parece esto a un cambio por una plantilla más adecuada. Adecuada a las formas políticas no estatales que se valen de los aparatos del Estado en su actual función de gestores de deudas financieras, llamadas inversiones. Camino también preparado para las nuevas formas de las deudas, después de haber pagado, como pagadores seriales, a los organismos multilaterales de crédito superados ahora por los fondos privados no regulados.
Por eso Makri y sus patrones puede asimilar muchas más cosas de las que algunos entusiastas predecían. Finalizado el partido para la tribuna viene el tercer tiempo digiriendo los agravios con algunas cervezas compartidas en la cantina del Ministerio o el Congreso.
Ya hay varios que amarillearon. Y hay muchos pases en blanco.
La tentación sería afirmar que el makrismo es la etapa superior del kirchnerismo, si eso no ofendiera a nadie.
Y si esta nueva forma no respondiera a la inserción desembozada ahora en las cadenas de valor financiarizadas, con nuevas formas de inversión. Con el orden restaurado y muchos jóvenes agradeciendo la gracia recibida, que a eso se ha dado en llamar "empoderamiento". Sin necesidad de legitimarse más que en la presunta eficacia de los equipos de gestores reclutados en el CIPPEC. Para la inserción global", dicen.


La representación moderna parece originarse asociada a las quejas.
Quejas eran las de los Cahiers de doléances previos a la Revolución Francesa y quejas las de la Representación de los hacendados, previa a la de Mayo.
La representación electoral se ha despojado de la queja. Es una representación que no pone en acto, no actualiza, ninguna otra presencia más que la del propio representante.
De la re-presentación queda el nombre que la representa.
Con el arribo de los CEOs ya no parece necesario representar que se representa.
Jugando con Hegel, diría Marx que el proceso ha hallado su forma adecuada.
El curso electoral culminó en los fuegos de artificio de las exequias de la representación, más que como tragedia, como torneo de bufonadas sin gracia. Grotesco entre soberbia y cobardía. En la pelea por el ritual queda al desnudo eso, el rito de la representación electoral.

En la época de los decretos de necesidad y urgencia, del estado de excepción, la ejecución no requiere normas. La norma es la de la fuerza de la ley económica de la expectativa de la ganancia. De la acumulación como prosperidad. Del desarrollo y el crecimiento. La única legitimidad necesaria entonces es la de la eficacia y la eficiencia. O su símbolo marketinero.
El discurso representativo es apenas requerido para el día de renovación de los gestores, para motorizar las urnas.
Los CEOs re-presentan, ejecutando. Hacen presentes las estrategias y las políticas que están por encima del Estado. No necesitan de éste como ilusión de comunidad, sino como aparato, como organigrama vivo. Como departamento ejecutivo. Poner en marcha las decisiones supra-estatales. Hacerlas presentes, en acto.
Representación descarnada. El cinismo impúdico en lugar de la hipocresía de la simulación.
Representación genuina del poder. Mandaderos con el uniforme de la empresa, vienen a ejecutar sus órdenes sin simular ninguna queja. Ninguna demanda, diría el finado Laclau.

Esta parece ser la verdadera renovación de la política. El paso de la lógica discursiva del significante vacío a la lógica tecnócrata del significante pleno de dominación. Desnuda.
La vieja intelectualidad melló el arma de la crítica, ni supieron ni quisieron asumir la organicidad popular que proclamaron. De esos ni siquiera serán útiles los que se les opusieron desde el elitismo antipopulista de La Nación. Los Luis Alberto Romero, los Santiago Kovadloff.
Unos y otros han dejado el camino abierto a la verdadera nueva intelectualidad orgánica.
La de la lógica tecnócrata. Parece hasta simbólico el pasaje sin escalas del Ministro de Ciencia y Tecnología. El defensor de los agro-tóxicos de Monsanto. Camino también preparado para el makrismo. Como el swap de China.   
Para el discurso del Desarrollo y la legitimidad de la gestión eficaz, para la política como trabajo de dirigentes modernos en equipo, no hacen falta los discursos jauretchianos, patrioteros o dorreguistas. Porque no hace falta esconder a la Barrick  Gold, a Chevron, a Monsanto y al ISBC detrás suyo.
Para ese discurso son aptos los genuinos intelectuales orgánicos que pasan sin disimulo por las puertas giratorias de las empresas al estado. Ida y vuelta.
Los dirigentes modernos que trabajan en equipo son los nuevos intelectuales orgánicos del país normalizado que nos dejaron.

Fred Vargas es una escritora francesa de policial negra. Como suele acaecer el protagonista es un comisario fuera de serie acompañado de personajes secundarios no menos extraños. El de Vargas tiene un vecino español cuya manía es orinar en el jardín. Es manco, perdió el brazo en la guerra civil siendo niño. Es una metáfora de las cosas incompletas.
Al tiempo en que la esquirla lo mutilaba, Lucio se estaba rascando ese brazo que había sido picado por una araña. De vez en cuando rasca donde estaba porque, dice, no había terminado de  hacerlo.
Temo que si no nos ponemos un poco al día con las nuevas formas de dominación nos volveremos a quedar rascando en el vacío. Como les pasó a muchos de nuestros intelectuales, llamados así mismo orgánicos, rascándose en la picadura del Tío Cámpora y de Gelbart en la Vuelta de Obligado.

 Aun esquivando la tentación del guruísmo apocalíptico, creo que son previsibles las resistencias.
Si el asunto es así será cuestión de no caer en la trampa de los discursos sin horizonte.
Ni nuevos ni viejos. Porque ninguno de los dos es el nuestro.
Claro es que para rumbear para el horizonte no nos sirven los viejos reflejos.
Para ser anticapitalistas, si es lo que pretendemos, antes deberíamos arrimar, creo, a entender sus actuales procesos. Como para ser herejes antes hay que leer La Biblia.
No sirven las coartadas fáciles y perezosas.    



Edgardo Logiudice
Diciembre 11 de 2015.  



sábado, 21 de noviembre de 2015

La derrota. Algunas reflexiones.

Desde el punto de vista de los sectores más humildes y de quienes pretenden estar de su lado, de los militantes de verdad de los movimientos barriales, culturales, solidarios, se trata de una derrota agravada por la mucha sorpresa. Derrota en manos de una personalidad políticamente irrelevante en la provincia donde el candidato a Presidente gobernó ocho años. Y mucho más irrelevante frente a quien, para muchos de aquellos sectores, conducía un proceso presuntamente popular con ribetes de epopeya.

En realidad la culminación de una derrota.
En realidad una sorpresa inducida por el triunfalismo.
En realidad un proceso de derrota oculto por el gatopardismo de algunos, la complicidad de otros y la ignorancia de muchos.
El gatopardismo de los conductores, la complicidad de los arribistas, la comodidad de la ilusión de una victoria y la ignorancia compartida de los propios pretendidos intérpretes de los humildes. Es decir, de muchos de nosotros.

El proceso de derrota comienza con el desguarnecimiento o despojo ideológico de los movimientos sociales en cuyas luchas, realizaciones y anhelos  se apoyó, se empinó, este proceso político.

La maquinaria de los partidos políticos ya estaba agotada, no sólo como posible instrumento de emancipación sino siquiera de algún cambio o de algún conato de lucha.
La Alianza fue la expresión abierta de esa inopia ideológica, pero también lo fueron las elecciones de las que Duhalde fue el gran elector. De alguien a quién le ayudó también su propia irrelevancia. Que se vayan todos fue la expresión de ese estado. Y, por su irrelevancia el elegido pudo no aparecer en el todos. Los todos que volvieron de su mano, los todos de la Alianza, de Menem y de Cavallo.

El aparato de la burocracia sindical hacía mucho tiempo ya que no se distinguía por sus rasgos ideológicos, más que por un difuso peronismo simbólico y ornamental. Le bastaban algunos reajustes de caja necesarios. Salvo algún inerme sector estatal que no ambicionaba mucho más que su reconocimiento jurídico, sin alcanzar a trascender al ámbito de los movimientos sociales. Por decisión o impericia.

De la pobreza y hasta ingenuidad política de algunos movimientos sociales es muestra la presencia de Schoklender. El coraje cívico de muchos luchadores por sí sólo no garantizaba ninguna estrategia de cambio, lo que fue aprovechado por los impostores gatopardistas,  los arribistas y oportunistas. Sin perjuicio de la sinceridad y honestidad de quizá la mayoría de, sobre todo, los jóvenes militantes. Y hasta funcionarios de las segundas líneas.
Si la cooptación, como gustan decir algunos, fue posible lo fue sobre un terreno de endeblez ideológica. Pues la cooptación ideológica no es un pecado sino la herramienta política básica de la construcción de hegemonía. Otra cosa es la corrupción disfrazada.

Los partidos de izquierda no existieron. La Alianza Izquierda Unida no alcanzó el dos por ciento de los votos en las elecciones posteriores al que se vayan todos. No existieron, probablemente porque, como aun ahora, estaban derrotados ideológicamente desde hacía mucho tiempo. Y no por la caída del muro. Ella misma fue expresión de la gran derrota ideológica. Las ideas habían devenido doctrinas. Los instrumentos teóricos quedaron, por lo general, congelados en el tacticismo pragmático de la inmediatez,  infecundos para responder a los cambios profundos del capitalismo. Su modo de producir y su modo y forma de apropiación. Y, con ello, la morfología de la clase que vive de su trabajo; las nuevas subjetividades; las nuevas formas de control social, sobre todo-precisamente- ideológicas.

Del estado de orfandad ideológica, acá deberíamos decir orfandad teórica, de muchos intelectuales  es índice su papel anodino en este proceso.
Después del alfonsinismo los llamados intelectuales orgánicos habían casi desaparecido.
La Revista Unidos había desaparecido en 1991. El primer Secretario de Cultura en 2003 fue Torcuato Di Tella. Era más o menos lo que había. Al poco tiempo es reemplazado por Pepe Nun que, en momentos en que De La Rua declaraba el estado de sitio proponía entregar el Gobierno a una junta de notables. Con  él se incorporó Horacio Gonzalez a la Biblioteca Nacional. El Ministro de Educación fue Filmus que había sido asesor de Menem.
Los entusiastas no pasaban mucho más allá de Nicolás Casullo, José Pablo Feinmann,  Mario Wainfeld y el dorreguista Pacho .   
Sólo después de la 125 se agrupa un sector que, si al inicio, promete una actitud crítica, al poco tiempo se transforma en un núcleo de propaganda autoreferente, cuyos documentos cobraron celebridad por lo críptico de sus enunciados.
Muchos jóvenes universitarios para entonces ya estaban obligados por la trampa de los papers a destajo. Su pensamiento crítico no fue mucho más allá del Capítulo XXIV, la alienación y el fetichismo de la mercancía. O alguna variante de Vigilar y Castigar. Mientras el mundo hacía rato que andaba  por la economía capitalista de la inteligencia, las TIC, las cadenas globales de valor y la financiarización. Y otras formas de control y disciplinamiento, más sutiles e intangibles.
Las poquísimas publicaciones de izquierda son elocuentes todavía en cuanto a este desfasaje.

Una derrota en la derrota. Que no es la derrota del domingo 25 de octubre. Esta derrota culmina la derrota la del 25 de mayo de 2003, cuando el ahora derrotado entró como vice de quien el mismo día de asumir prometió un "profundo cambio cultural y moral" que incluía pagar la deuda y ofrecer seguridad jurídica: "Quiero una Argentina normal", "Sabemos que nuestra deuda es un problema central, no se trata de no cumplir, de no pagar".  
E impostó elípticamente  un pasado heroico: "Formo parte de una generación diezmada, castigada de dolorosas ausencias", dijo.  
Cumplieron. En orden y desendeudados con pagos soberanos. La derrota está allí, en haber aceptado ese derrotero como un profundo cambio cultural y moral. O, por algunos, al menos como un nuevo desarrollismo.
La derrota electoral es el triunfo de aquel proyecto y el índice de nuestra derrota, la verdadera.

De poco sirve decidir dramáticamente. Chantajeados. Por un discurso de retirada.
Peor aún, de abdicación. Yo les di todo esto, háganse cargo. Yo estoy hecha, no puedo pedir más.
La suerte está echada.


Mirado desde este punto de vista no creo que en esta coyuntura  se trate de una cuestión de principios frente al sistema de la democracia representativa. La representación es una trampa descubierta ya por Rousseau: el pueblo inglés cree que es libre porque sufraga y en el momento que lo hace se pone las cadenas.
Pero el ejercicio del voto como exteriorización de una decisión es la expresión democrática ineludible, para acordar o disentir. Hacer uso de él o no hacerlo, si realmente sostenemos que lo decisivo es el movimiento social, no formalmente institucional, es una cuestión de estrategia. Sólo que la estrategia para no quedar reducida a táctica pragmática y coyuntural requiere un rumbo. Y para intentar un derrotero es necesario saber en qué aguas se navega, qué corrientes, qué vientos y con qué nave. Conocer los mecanismos, las fuerzas sociales concretas, específicas, ubicadas en tiempo y espacio, el conjunto complejo de relaciones.
Una vaca puede ser alimento, instrumento de producción, o materia prima, u objeto de culto.

Por eso mismo creo que no sirven de mucho las homologías formales aunque se trate  equivalentes. Los fenómenos y las cosas son lo que son como resultado de procesos y en un proceso. Lo que no quiere decir que los diferentes o distintos sean opuestos y, mucho menos contradictorios. En esta coyuntura los candidatos no son homólogos pero son equivalentes, son diversos pero no opuestos. Durante la campaña dijimos, dado que ya no representan porque perdieron sus máscaras, porque son equivalentes son intercambiables.  
Que Macri asuma la YPF no fiscal, la AUH y, ahora hasta los derecho humanos, no dice otra cosa que todas esas cosas a medias pueden ser absorbidas por cualquier pragmatismo que se atenga a lo esencial de la gestión del actual capitalismo.

Por eso mismo creo que no es válido el argumento de que, en la coyuntura que enfrentamos, dado que los candidatos son similares se impone votar en blanco.
Son equivalentes en un proceso - el que traté de describir - en el que, en la relación de fuerzas actuales y sin un rumbo más o menos preciso (y esto, en mi opinión, es lo decisivo) poco podemos incidir, ni aprovechar su diversidad de gestación.
Esto último, de aquí al día de los comicios, sólo sería posible si, antes de ellos hubiera una muy fuerte reacción condicionante de los mejores sectores de peronistas. No lo veo probable ya que no es precisamente la movilización y la autonomía de criterio lo que ha propiciado el kirchnerismo ni lo que ha caracterizado al proceso, y menos aun desde que su dueña largó el cuzco a la deriva.

Pero ello no nos excusa para ignorar el problema, ni la coyuntura. El problema es indagar de qué proceso es esta coyuntura. Creo.

Por eso mismo creo que no es muy acertado pensar que, dado que parecen avecinarse fenómenos de la crisis, las luchas van a caer en bandeja para quienes la anuncien y los que lo hagan serán los beneficiarios. Tenemos bastante experiencia con aquello de cuánto peor, mejor. Porque no estamos en condiciones de garantizar lo mejor, y lo peor de lo peor puede ser peor.

Diré entonces que, en este caso, es tan legítimo votar o no votar, votar en blanco o hacerlo por el espectro de un proceso que, para grandes mayorías y, sobre todo, humildes mayorías, y también muchos convencidos luchadores, significó una gran esperanza. Pero sin la ilusión de que la abstención o el voto en blanco lleguen a significar políticamente una muestra de repudio colectiva, que es la que vale. Porque no tenemos - insisto - fuerza ni, sobre todo, rumbo.
Por eso no me sumo ni asumo ningún llamamiento. Sólo tomo mi decisión individual de no ir al acto electoral.
Sin por ello abjurar del derecho inalienable del sufragio, por el que los desposeídos pagaron buenos precios.

Algunos pueden pensar, y algunos lo dicen, que no nos podemos lavar las manos. Tienen razón. Los que con reducidos medios criticamos la gran mentira de ocultar la derrota con pequeñas verdades no nos las lavamos. Quien ya se las lavó es quien acaba de abandonar el barco salvando sus  medallas. Y dejándonos la tarea de levantar el muerto, cualquiera de ellos sea, que ella misma coronó. 

En cualquiera de los casos creo que hay que barajar y dar de nuevo, investigando un poco más que hay en el mazo. Mientras tanto habrá que resistir, con la solidaridad de los huérfanos.  Sin desánimo ni desilusión. No se desilusiona el que no se ilusionó.


Hoy, 3 de Noviembre 2015


Edgardo Logiudice

* Estas breves reflexiones sobre la coyuntura electoral se fundan al menos en dos presupuestos. Uno vinculado a la derrota ideológica o teórica y el otro respecto al papel objetivo, en este caso del llamado kirchnerismo, en relación a las estrategias del proceso capitalista global. Ambos están ligados ya que la derrota cultural lo es, precisamente, respecto a la tardía asunción de esos nuevos fenómenos. 
En el primer asunto la derrota se vincula a la falta de asunción general de los nuevos modos de producir y del modo y formas de apropiación por la izquierda política y las organizaciones de la clase obrera.
Un proceso que emerge en las décadas de los setenta/ochenta orientando al capitalismo hacia nuevas estrategias con creciente preeminencia de su sector financiero. Una revolución científico-técnica, sin precedentes en cuanto a su magnitud, en un momento de una colosal acumulación de capitales, fundamentalmente derivados de los petrodólares.     
En ese contexto el papel de los nuevos procesos productivos fueron quedando subordinados a nuevos modos y formas de apropiación y acumulación, apareciendo así los mecanismos de lo que se dio en llamar capital y ganancia ficticia. Mecanismos montados sobre productos financieros siempre vinculados a deudas, sean soberanas o privadas; estas últimas fundadas en un preponderante papel del consumo, favorecido por las propias técnicas de información y comunicación.
Estas transformaciones comenzaron a ser detectadas e indagadas en la década del noventa de manera confusa y recién en la primera década de este siglo aparecen ligadas al modo y forma de apropiación y acumulación. Despertando antes las ilusiones liberadoras del general intellect del Marx de los Borradores, en una especie de cultura hacker entre liberal y libertaria. La expresión "capitalismo cognitivo" para vincular los fenómenos de la producción de contenido de conocimiento al modo de apropiación capitalista aparece recién con el cambio de siglo.
Pasaría bastante tiempo para que se comenzara a hablar de la economía de la deuda y vinculada, sobre todo, a las deudas soberanas no a las del consumo. Desconectado así este último de las TIC como herramientas subordinadas a las finanzas. Así el consumismo sólo fue visto como fenómeno anómalo, moralmente criticable.
Muchas de estas cuestiones no pasan aun hoy de las investigaciones y publicaciones especializadas.

Pero es en ese contexto no asumido, o no asumido críticamente, en el que se desarrolla el proceso de endeudamiento y crisis de la deuda latinoamericana y del Caribe del que, aquí, el kirchnerismo es parte.
La que se llamó la cuarta crisis de la deuda de América Latina no estaba desvinculada del rol financiero que jugaba ya la producción primaria como producto financiero. Commoditie, base de futuros y derivados ya en ese momento a raíz de la demanda de alimentos, petróleo y materias primas desde el Sudeste Asiático y, luego, China.
Por eso, creo, que el proceso kirchnerista no puede desvincularse, como trató de hacerse, del menemista.
El colosal endeudamiento de Menem no está desvinculado del papel de su Secretario de Agricultura, introductor del glifosato, ni el Secretario de Planeamiento, en las relaciones con China, para vender soja.
Pues bien, en 2003 los acreedores querían cobrar y América Latina y el Caribe aumentaron sus exportaciones de productos primarios con poquísima elaboración. Las deudas se reestructuraron y pagaron con ellos. Con vehemencia de pagadores seriales. Lula primero, Kirchner después.

Creo que estos presupuestos son los de la derrota ideológica y el papel objetivo del proceso kirchnerista.
Que, por supuesto, no son los únicos.