sábado, 11 de junio de 2016

Conjetura sobre un contexto del nuevo gobierno en una nueva estrategia del capital financiero: inversiones en infraestructuras en asociación pública-privada.

Es al menos llamativo que nada menos que Clarín, que bogó por el rápido pago a los fondos buitres, publicara el 17 de mayo de este año en la sección Opinión, página impar, un artículo del economista Rubén Lo Vuolo, en su momento asesor de Carrió y últimamente de Stolbizer, con una furibunda crítica al capital financiero. Y, el mismo día, en Página 12,  lo hiciera con otro de Mónica Peral Ramos, en su momento elogiada por Cristina Fernández,  en el que sostiene que el “talón de Aquiles de Macri” es el endeudamiento que atenta contra las inversiones en infraestructuras que son las que generarían el desarrollo que genera empleo. 

Cabría tomar nota ahora del anuncio de Prat Gay de la presentación próxima de un proyecto de asociación pública privada para inversiones y la propuesta del Presidente de la Comisión de Valores del funcionamiento de éste como un ente autónomo.

En diciembre de 2014 la sección Noticias de la página del Banco Mundial publicó una nota sobre los proyectos público-privados en infraestructura. Dice allí que las APP están de moda en América Latina. Cita la opinión del gerente para A.L. de la unidad de APPs de la Corporación Financiera Internacional, órgano del B.M. enfocado al sector privado.
“América Latina se enfrenta a una desaceleración económica después de una década de bonanza […]. La situación ahora es cómo prepararse cuando hay que desarrollar grandes autopistas, acueductos o centrales eléctricas para cubrir la mayor demanda de servicios de los latinoamericanos”. Sostiene aumentó la relevancia de la inversión de los fondos en energía, transporte, telecomunicaciones y agua y saneamiento. “Según los expertos, las dos grandes ventajas de las APP son, primero movilizar financiamiento privado para que los gobiernos no tengan que recurrir a sus recursos, a veces escasos sobre todo en épocas de turbulencias económicas; y segundo, contar con el conocimiento y el manejo gerencial y técnico del sector privado en proyectos que antes eran gestionados por el sector público”.

Desde que Kofi Annan, siendo Secretario General de la UN, en 1999 dio luz verde anunciando en el Foro de Davos (el encuentro de los mayores empresarios del mundo) la creación del Pacto Global, la injerencia de los grandes grupos económicos en las decisiones de los organismos intergubernamentales quedó oficializada, es decir legitimada. No sólo con su participación en el Pacto sino, luego, con la creación del Grupo de Alto Nivel  de Personas Eminentes, entre ellas “250 directores ejecutivos de grandes corporaciones que compartieron sus valiosas ideas y puntos de vista durante una serie de consultas” para elaborar la Agenda de Desarrollo Post-2015. Éste Grupo decía ya: “Las grandes empresas tienen dinero y experiencia para crear las infraestructuras que permitan a todas las personas conectarse a la economía moderna […] Se apoya un aumento de flujos financieros mejor dirigidos en el sector privado; de apoyan los centros de asociación público-privado en el seno de los distintos países; se fomenta la inversión extranjera directa en los países en desarrollo…” “La fuente de financiación a largo plazo más importante será el capital privado, proveniente de los grande fondos de pensiones, fondos de inversión…”. Clarito.

El año pasado la UN aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Contó también con la participación del Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes.  En consonancia la CEPAL, el mes pasado elaboró un Informe para nuestro continente, Horizonte 2030. Se trata de una fuerte crítica a la financierización. 
“La creciente desigualdad, la presión del ajuste externo sobre las economías más débiles y la caída de la inversión junto con la multiplicación de los activos financieros conforman un cuadro de incertidumbre y baja demanda agregada […]. Superar este escenario exige la construcción de bienes públicos para la estabilidad y el pleno empleo a nivel global […] y una nueva arquitectura financiera que reduzca la incertidumbre y la volatilidad generada por el apalancamiento excesivo y los movimientos especulativos de capital”. “La mayor presencia e intervención del sector financiero en distintos ámbitos de la actividad económica ha complicado la relación entre la actividad real y la financiera. […] la esfera de lo financiero tiende a primar sobre la esfera de lo real. Esto forma parte de un proceso de financiarización, definido como la creciente importancia de los mercados financieros, las instituciones financieras y las élites financieras en el funcionamiento de las economías y sus instituciones de gobernanza, a nivel nacional e internacional”.
Plantea que es urgente crear una nueva arquitectura financiera que cierre la brecha entre la liquidez y extrema volatilidad y la productividad. “La inversión en infraestructura favorece el cambio estructural progresivo orientando hacia la reducción de las diferencias de productividad entre sectores y empresas de un país, al tiempo que se fortalecen los vínculos con el exterior y se aprovechan las oportunidades que ofrece la economía global.[…]. Finalmente “La trayectoria que proponemos tiene como condición clave la participación conjunta de los actores públicos y privados para incentivar la acción colectiva en favor de un nuevo estilo de  desarrollo con aumentos sostenidos de la productividad y la competitividad. También resulta indispensable ampliar el margen de maniobra de los Estados de modo que puedan construir una plataforma de políticas de largo plazo más allá de los ciclos electorales”.


Hay  consenso entre los economistas, analistas económicos, agencias y asesorías de negocios y finanzas, consultores financieros, los propios  representantes de los grandes bancos, fondos y empresas, los organismos multilaterales de crédito  y, ahora las instituciones intergubernamentales,  en señalar la presencia de lo que llaman hiper-
Liquidez, volatilidad  y el consiguiente riesgo. Hay consenso también en señalar una “saturación” de las deudas. Sea de las deudas soberanas como las de los endeudamientos de hogares generado por el consumo. La llamada ingeniería financiera, fundada en titularización de futuros y derivados ha generado una distancia ingobernable entre el capital financiero y el productivo; se calcula que la relación sistema financiero/ PBI global es de 25 a 1. De modo que esto alerta a los actores económicos y políticos sobre el alto riesgo, por un lado de incobrabilidad de los créditos y por otro de la ingobernabilidad no sólo de los mecanismos económicos, sino políticos. Riesgos que, como ya lo indica la práctica, hacen difícil nuevos “salvatajes” y “re-estructuraciones”.  En el caso de los países emergentes se señala el impacto de la caída de los precios de los productos primarios. En un marco global de caída o estancamiento de la producción, llamada recesión, con el consiguiente aumento  del desempleo y la caída de la demanda, es decir el consumo, principal generador de deuda.
En suma, para el capital financiero un panorama de alto riesgo y de baja tasa de rentabilidad (se calcula no más del 1%). Frente a esto, en medio de una gigantesca transformación en el modo de producir y la intangibilidad y volatilidad de grandes activos, los fondos financieros buscan y reclaman inversiones en activos “materiales” que las respalden. Porque una cosa es la deuda y otra la garantía. Reclaman proyectos en las infraestructuras generadas por los cambios. Obras en infraestructuras que, por su carácter de base genérica, es decir pública, debe ser encarada o proyectada por los Estados. Los grandes inversores y sus agentes se quejan de la falta de esos proyectos. Buscan refugios menos riesgosos: infraestructuras aseguradas por los Estados.

Infraestructura es energía, agua, comunicaciones, transporte, tecnología. La propuesta es que la intervención estatal no obstaculice la ejecución. Para ello debe limitarse su papel regulador. La propuesta es que se trate de organismos “autónomos”.  Se proponen además distintos tipos de arbitrios que operen como fondos de garantías tanto del capital de las inversiones como de la rentabilidad, particularmente a través de fondos de garantías. El papel del Estado es así el de garante sin meter las narices.

Cabría referirnos por inciso a un par de cuestiones:
a)       advertir que la distinción del sector financiero del capital es solamente analítica. Vale decir, por capitalismo entiendo un complejo de relaciones sociales que conforma una unidad orgánica en la que distinguimos al menos el capital mercantil, el industrial y el financiero. La actual hegemonía del sector financiero pone de relieve la distinción ya que este sector ha generado mecanismos endógenos de acumulación. Es lo que se ha llamado economía de crédito o de la deuda como forma de apropiación del trabajo ajeno, coexistente pero subordinando y re-funcionalizando  las formas mercantil y salarial.
b)      referirnos a este neologismo, sobre el que parece no hay aun acuerdo, financierización o financiarización. No se trata ya sólo del control de los flujos de capitales orientados a futuros y derivados especulativos autonomizados de la “economía real”. Ha sido señalada ya la derivación de resultados de las actividades de las grandes cadenas de valor hacia el sector financiero en la forma de bancos o fondos de inversión. Es decir de fondos que no son “productos financieros” generados en la “ingeniería financiera” de titularización, futuros y derivados, sino originados en la acumulación capitalista productiva no reinvertidos en ella. Cargill, muy conocido por nosotros en la actividad agrícola, es un caso emblemático con su  Black River Asset Management. De modo que las grandes corporaciones que “comparten sus ideas para el desarrollo” no están desvinculadas de la financierización de la economía que, como vemos, aparece seriamente cuestionada.
Quizá tardía e interesadamente cuestionada.

Todo esto comprende muchos otros asuntos y aspectos. Entre otros no menores, la repercusión social. El empleo, cantidad, calidad, las políticas de contención, de control.
Es difícil, dado lo heterogéneo y rejuntado de las nuevas alianzas políticas, la puja de distintos intereses que ya se manifiestan, el rumbo de la situación económica y geopolítica global, arriesgar algún pronóstico. Pero es un camino probable.
Razón suficiente para prestarle atención, investigar más seriamente el tema y, sobre todo, cuáles y como pueden arbitrarse medios de resistencia acordes. Para que las respuestas no sean tardías.   

Edgardo
Junio 2016



lunes, 23 de mayo de 2016

Hambre cero, inversiones. ¿Y ahora qué?

El discurso del nuevo gobierno que parece dominante, en su “apertura al mundo”, consiste en hacer hincapié en las inversiones apuntando a infraestructuras, sin dejar de mantener solapados los préstamos financieros, hasta con alguna alerta sobre los “capitales puramente especulativos o golondrinas”. Las inversiones, se dice, generarán empleos y, con ellos se lograría el Hambre Cero.

El planteo discursivo se acerca a la Agenda 2030 para Desarrollo Sostenible del Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD. Los buenos deseos expresados en la Agenda son, entre otros, “Poner fin a la pobreza”, “Hambre cero”, “Reducir inequidades”, es decir la desigualdad. Giran sobre la estrategia de las Inversiones en Infraestructuras.

La última reunión del Foro Económico Mundial (Davos) no tomó nota del hambre, la pobreza y la desigualdad. No tomó nota de los 795 millones de personas que sufren desnutrición. Veinte veces la población de nuestro país, más de dos veces la población de USA. Tampoco de los más de 800 millones que viven con menos de U$S 1,25 diarios (20 pesos de los nuestros) que carecen de alimentos, agua potable y saneamiento adecuado.
Tomó nota sí de las inversiones en infraestructuras frente a la Cuarta Revolución Industrial, exigiendo de los gobiernos condiciones de seguridad y permanencia de rentabilidad.

En Davos no se tomó nota  “que el 10% más rico de la población se queda hasta con el 40% del ingreso mundial total. A su vez, el 10% más pobre obtiene solo entre el 2% y 7% del ingreso total. En los países en desarrollo, la desigualdad ha aumentado en 11%”.
Tampoco de que “Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2015 hay más de 204 millones de personas desempleadas”. Cinco veces la población argentina, casi dos tercios de la estadounidense.
Por el contrario el Estado Mayor Global del “10% más rico” anunció para el 2020 la destrucción de 7 millones de empleos en las 17 principales economías del mundo que representan un 65% de la fuerza laboral. Es decir diez años antes del cumplimiento de las metas de la Agenda a los 204 millones contabilizados por la OIT habrá que agregarle 7 millones más. Vale decir, más pobreza, hambre y desigualdad. Los “buenos deseos” del PDUN no coinciden con el realismo del Foro Davos.       

A este último fue a buscar inversiones el Ingeniero Civil por la UCA a cargo de la Presidencia de la Nación. Como letra para abrirnos al mundo suena mejor la del Desarrollo Sostenible: inversiones directas en infraestructuras para creación de empleos y, si todos trabajan, menos pobreza y hambre cero.

Todo parece señalar que la tendencia de los capitales hacia las inversiones en infraestructuras está impulsada por la volatilidad e incertidumbre de los fondos de inversión en los préstamos a interés: peligro de que estallen las burbujas basadas en futuros y derivados, la ingeniería financiera.
Pero ello no está desvinculado a dos fenómenos distintos pero entrecruzados. Por un lado la existencia efectiva de la revolución técnica, lo que llaman Cuarta Revolución Industrial. Esta excede la revolución en las manufacturas con la robotización, abarca toda la agroindustria, el transporte, las comunicaciones, el comercio. Por otro lado, la llamada financiarización de las grandes cadenas de valor global.

De allí, por un lado aparece naturalmente la cuestión del trabajo, el empleo, como lo señala el Informe de Davos al que me referí. Pero, por otro la financiarización, que actúa como un paradigma iluminando todas las relaciones sociales, parece terminar cualquier conexión racional entre la producción y el consumo. Y ambos aspectos se conectan con la demanda, tanto su orientación como sus propios límites.
El proceso de generar consumo para el endeudamiento  dio lugar, al menos en gran parte de América Latina, a un descenso de la pobreza en términos relativos de bienes (generando una nueva clase cuasi-media, endeudada pero media), concomitante con un aumento de la desigualdad. Ello no estuvo (no está) desvinculado con la fuerte demanda de materias primas que dio (que da) lugar al negocio financiero de los commodities como futuros.
La caída de sus precios, cuyas causas no es necesario recordar acá, es lo que redirige los flujos de capital financiero hacia sectores menos riesgosos o más rentables.

Pero ello no significa necesariamente mayor empleo. El realismo del Foro Económico Mundial parece confirmarlo. Y, según los mismos términos de su estrategia, si no hay mayor empleo, no hay mayor demanda.
El Nobel Stiglitz constata que los empleos industriales caen en todo el mundo: “El empleo global en el sector industrial está bajando porque los incrementos en productividad exceden a los incrementos en la demanda”. Eduardo Porter, en el New York Times, señala la observación del economista Dani Rodrik: En los países pobres los trabajadores quizá tengan que reducir sus aspiraciones al desarrollo.

Falta de demanda es falta de consumo. Las nuevas clases medias pueden dejar de serlo para formar parte de la pobreza y la desigualdad. Por otro lado, el la redirección capitaneada por el capital financiero, ahora como parte hegemónica de las cadenas de valor, entre ellas las de alimentación, no necesariamente garantiza la satisfacción de necesidades básicas: las infraestructuras no alimentan más que ganancias. La Cuarta Revolución Industrial no garantiza mejor vida. Ni el transporte, ni el riego, ni la energía limpia ni tecnología de la información y las comunicaciones, dirigidas hacia la rentabilidad significan desarrollo humano sostenible.
Véase. Los biocombustibles son una de las vías promovidas para bajar la contaminación.

Ello significa ganancias por bonos de carbono que cotizan en Bolsa y fungen como productos financieros especulativos.
En el Foro de Davos declaró Antoine Frérot:"Claramente, va a ser el debate de los dos próximos años (...) Es importante que salga una solución para aplicar un sistema de precios del carbono".
Según un estudio del INTA (2011) una tonelada de maíz transgénico cotizaba a $ 650, pero con una tonelada de maíz se logra una cantidad de etanol cuyo valor es de $ 1.780. Hacer bioetanol está claro es ganar a dos puntas. Conviene más que hacer polenta y hasta más que hacer balanceados para criar pollos y chanchos.
Louis Dreyfus, Cargill, Noble, son algunas de las grandes cadenas globales de valor que juegan tanto a los commodities como a los biocombustibles. Con la caída de los precios de algunos granos como futuros ahora juegan al biodiesel. Y a los bonos de carbono monetizados como futuros.
Según un trabajo realizado por el Observatorio de la Deuda Social, de la Universidad Católica Argentina, 2 de cada 10 chicos del país no acceden a una alimentación en cantidad y calidad adecuadas. De esa proporción, la mitad padece “inseguridad alimentaria severa”, que significa que sufren hambre por causas económicas.
Las milagrosas inversiones poco tienen que ver con futuro empleo, soberanía alimentaria y el cambio climático.
Inversiones en infraestructuras ¿Hambre cero?



Edgardo Logiudice
Mayo 2016



jueves, 19 de mayo de 2016

De discursos, conspiraciones y estrategias. ¿Y ahora qué? Infraestructuras.

No son conjuras pero se les parecen.
Los que nos pensamos en la tradición marxista tenemos vedado hablar de conspiraciones. Primero porque desde Babeuf  y la Conspiraciones de los iguales llevamos mala fama y, segundo, porque se nos ha achacado  tener una concepción conspirativa de la historia, para peor economicista.
Hablo de foros internacionales de políticas públicas. Hablamos de estrategias y de sus cambios, que ahora mismo parece haberlos. En un contexto de nuevos fenómenos. Económicos. Y políticos, por supuesto.
Inversión en infraestructuras parece ser la orientación de los grandes grupos financieros frente a la volatilidad y la incertidumbre, esto es, frente al riesgo de no cobrar los préstamos.
En mi opinión indagar sobre esto e parece necesario para atisbar el rumbo del nuevo gobierno, su continuidad y diferencias con el anterior. Sobre todo teniendo en cuenta la aparente magnitud de los cambios políticos en Latinoamérica.
Cuando Clarín le publica un artículo a Lo Vuolo, bueno y en página central impar, contra la financiarización algo parece extraño. O, al menos hace ruido.

Una analista financiera española decía en marzo: “El comienzo de 2016 ha estado dominado por la volatilidad y la incertidumbre en los mercados mundiales, un contexto en el que cobra interés cualquier propuesta de inversión que pueda ayudar al inversor a sobrellevar este difícil contexto de mercado. En ese sentido, las empresas cotizadas de infraestructuras pueden constituir una alternativa, según explica Nick Langley, fundador y codirector de RARE, una boutique de fondos australiana especializada en este activo […]”. 

La cuestión ya venía siendo planteada en Davos, donde se reúnen anualmente en el Foro Mundial Económico los principales líderes empresariales y en el que este año estuvo presente nuestro presidente empresario. Ellos “han reclamado que se adopten nuevas reformas estructurales en la economía global con el objetivo de fomentar el crecimiento económico. […] El vicepresidente de General Electric (GE), John Rice, incidió en la importancia de las infraestructuras para el crecimiento global. […] A este respecto, el cofundador y consejero delegado de Carlyle Group, David M. Rubenstein, remarcó que desde que gobiernos y bancos ya no financian inversiones en infraestructuras tanto como el pasado, cada vez más proyectos de este tipo se financian con capital privado”
Carlyle Group es el “primer gestor mundial de valores financieros y fondos de inversión, agrupa a la flor y nata de la política mundial. Dirigido por el ex Secretario de Defensa Frank Carlucci, incluye tanto a George Bush padre como a los Bin Laden, George Soros, Mijail Jodorkovsky o John Major”.

En 2015 se realizó la Cumbre de Desarrollo Sostenible de la que surgieron los 17 objetivos para el año 2030. Todos ellos giran sobre el Objetivo n° 9: “Las inversiones en infraestructura (transporte, riego, energía y tecnología de la información y las comunicaciones) son fundamentales para lograr el desarrollo sostenible y empoderar a las comunidades en numerosos países. Desde hace tiempo se reconoce que, para conseguir un incremento de la productividad y de los ingresos y mejoras en los resultados sanitarios y educativos, se necesitan inversiones en infraestructura.
El ritmo de crecimiento y urbanización también está generando la necesidad de contar con nuevas inversiones en infraestructuras sostenibles que permitirán a las ciudades ser más resistentes al cambio climático e impulsar el crecimiento económico y la estabilidad social. Además de la financiación gubernamental y la asistencia oficial para el desarrollo, se está promoviendo la financiación del sector privado para los países que necesitan apoyo financiero, tecnológico y técnico.”

Esto sucede, como todos reconocen, en un contexto mundial de recesión. Pero también en un proceso de revolución en la producción. Por supuesto ambos aspectos no están desvinculados.

Para inversiones en infraestructuras, como vimos las vinculadas a esta revolución tecnológica (transporte, riego, energía y tecnología de la información y las comunicaciones), son necesarios proyectos viables y gobiernos confiables. ¿Qué mejor entonces que una especie de nuevos “protectorados”, esta vez económicos?

Bertrand Badré es Director gerente y oficial financiero principal del Grupo Banco Mundial, Bertrand Badré es responsable de las estrategias de gestión financiera y de riesgos del Grupo Banco Mundial y de las instituciones que lo conforman. Fue ejecutivo de Eurazeo uno de los grupos inversores más importantes de Europa. Un artículo del Financial Times reproduce algunas expresiones suyas. "Los problemas son tanto de los proyectos como de la oferta de capital. No hay suficientes proyectos viables".
Coincide con Jim Barry, director de infraestructuras de la gestora de activos BlackRock,  la mayor empresa de gestión de activos del mundo. "No existe ninguna correlación entre la cantidad de infraestructuras necesarias y las oportunidades rentables para el sector privado".
Dice John Authers, autor del artículo: “Los críticos dicen que aunque los gobiernos tienen una amplia lista de proyectos, no hacen lo suficiente para convencer a los inversores reacios a correr riesgos de que los proyectos se materializarán o de que serán rentables”.
"Es realmente un problema de política pública. Si hubiera un marco financiero y fiscal sostenible, los inversores aportarían el dinero para los proyectos enseguida", dice Cherian George, de la agencia de calificación Fitch.
“Para los gobiernos, -dice Authers- tratar con el sector privado representa un dilema político básico: hacer que los ciudadanos paguen por algo que antes era gratuito es impopular”. También “está el tema de que generalmente se tarda mucho más tiempo en finalizar un proyecto y que sea rentable que lo que dura normalmente la legislatura de un gobierno democrático. Por tanto, es más fácil vender la idea a los inversores si estos tienen la garantía de que el gobierno no va a cambiar”.
“Está claro que los inversores privados tienen apetito por las infraestructura. Según una encuesta realizada a grandes fondos de pensiones por la consultora Create de Londres, el 38% tenían previsto incrementar su inversión en infraestructuras en los próximos tres años, más que en el capital riesgo, los hedge funds o la mayoría de activos. Pero esa inversión conlleva un riesgo por la falta de garantías, especialmente en los mercados emergentes”.
“Una solución radical es la que han planteado fondos de pensiones canadienses: eliminar a los intermediarios y gestionar los proyectos ellos mismos”.
Probablemente a esto llamen asociación de lo público con lo privado.

¿Clarito verdad?
Capitales sobran. El asunto son los gobiernos que garanticen la ganancia.
El precio de las materias primas, los commodities con los que se jugaba a los futuros, todavía no han vuelto a ser los de antes, y no es seguro que lo vuelvan a ser. Prestar es un riesgo que ya asumen pocos. Los Estados y los propios ciudadanos ya están demasiado endeudados. Entonces, apetito de inversiones en infraestructuras. El mercado de futuros pqrece haber quedado demasiado en el aire: volátiles e inciertos.
En los mercados emergentes para evitar malos tragos, más que inversión en capital de riesgo, los hedge funds, inversión en infraestructuras, gobiernos confiables que aseguren la continuidad del negocio y gestión propia, directa.
Estas son las políticas públicas que propician las Naciones Unidas de consuno con los empresarios de Davos. Allí fue nuestro procónsul.
Nada del Estado protector sino “protectorado financiero”. ¿Será este el nuevo papel del Estado?

¿Cuál es en este contexto el papel del trabajo, de la pobreza, de la desigualdad, del consumo y de algunas ideologías? En esta nueva estrategia, si no estoy errado.



Edgardo Logiudice

Mayo 2016

domingo, 8 de mayo de 2016

Urbi et Uber. ¿Economía colaborativa?

Uber es un fenómeno urbano, de la urbe. Uber utiliza graciosamente la ciudad. La consume, la usa como propietario. No como el explotado o autoexplotado mantero o cartonero o el simple mendicante. Como medio de producción de valor. Se trata de otro tipo de propiedad y tiene su sede en San Francisco, California. Y fue a raíz de San Francisco, pero de Asís, que apareció la gran distinción en uso y propiedad. El asunto, por supuesto, trasciende este juego. También trasciende el problema de los taxistas. Y de las reglamentaciones.
Está en juego la cuestión de lo público y lo privado.                                 


Economía colaborativa.

Uber viene en el combo de la economía colaborativa. Fenómeno ligado al consumo y a las tecnologías de la información y comunicación. Pivotea sobre un argumento irrebatible: el hiperconsumo genera grandes cantidades de bienes ociosos. El automóvil es uno de ellos. En el combo también se junta el tiempo libre. Conjunto confuso de fenómenos tan dispares como pueden ser los bienes y los servicios.
En algunos casos hasta desaparece la relación monetaria, cambio de uso por uso, trabajo por trabajo. Quizá la relación de intercambio más arcaica, refuncionalizada por una aplicación, por la tecnología. Un trueque.
Todo esto da apariencia de colaboración entre iguales, horizontalidad y voluntariedad.
Una comunidad virtual. Sin lucro. Y, junto a ello el valor prioritario del uso de las cosas frente a su propiedad o, mejor dicho, al título de propiedad. De la propiedad burguesa a la que va unida la posesión que permite el uso, excluyendo de ello a los demás.
Cuando no hay relación monetaria parece desaparecer la relación mercantil. El uso de hecho se autonomiza o se desprende del título de propiedad.


El uso de facto.

En el Siglo XIII aparecen las órdenes mendicantes que repudian la riqueza, el dinero y la propiedad. Consumir sólo lo que Dios provee. En Asís, San Francisco. Como reacción contra los monjes encerrados en sus monasterios, los mendicantes toman las calles para predicar. La tecnología provee la aplicación del atrio móvil que permite la liturgia fuera del templo. Y hacen uso de las calles, caminos y ciudades de Europa a pié llevando el evangelio a cambio de pan duro. Comunidad de la pobreza, negación de la propiedad, el comercio y el trabajo.
Los cambios de época impulsan a muchos frailes a los conventos. La salvación del alma de los más ricos incentiva las donaciones para ser enterrados en tierra de santos.
Los conventuales tienen su uso, negándose a ser propietarios para respetar la regla de la pobreza. Se benefician así llevando una buena vida.
Durante algunos papados la Iglesia lo tolera, pese a la competencia y el escándalo. Hasta que un jurista llega como Papa y éste sostiene que la propiedad no puede separarse del uso. El uso corresponde siempre al derecho de propiedad. Si alguien consume (y usar es un consumo desplegado en el tiempo) sólo puede hacerlo legítimamente si es propietario. Y la propiedad es siempre privada. Los frailes son propietarios, no hay bienes comunes del convento. Si quieren seguir la Regla de la pobreza sólo pueden recibir bienes en nombre de la Iglesia. Se acaba así el escándalo y la competencia. Si usan los libros, ropas, utensilios y alimentos será con autorización de la Iglesia, del Papa.
Los conventuales franciscanos no se dieron por vencidos y hallaron su defensor en Guillermo de Ockham. Y Guillermo sostiene que, antes del pecado original, Adán y Eva, tenían el uso de hecho de todos los bienes, puesto que la propiedad sólo fue creada para defender ese uso sin ser molestado, vale decir cuando ya los pecadores no estaban solos. Quedaba así separada la propiedad de su uso de hecho. Con lo que los franciscanos podían seguir ostentando el título de pobres disfrutando los bienes y la Iglesia el título de propietaria.
Un comentarista ha dicho “la Iglesia quedaba dueña del humo y los franciscanos se comían el asado”, separados que fueron el uso y el consumo de hecho de la propiedad de derecho.


La cosa común.

Antecedente o no, lo cierto es que en la economía colaborativa, el uso de hecho queda separado de la propiedad, como lo vimos. Pero no hay acá ningún uso común sino, al contrario, al menos en el caso de Uber, un uso de hecho privado de la cosa común: la calle. La aplicación no es precisamente la del atrio móvil para predicar, conducta que quiere ser reglamentada por el “protocolo”, sino de ocupación del espacio común para lucrar.
Y Uber es tenido como paradigma de la economía colaborativa. La palabra compartir no solamente actúa como velo de un intercambio mercantil cualquiera por nuevos medios de comunicación y una precarización de las relaciones laborales (así fue reconocido por un tribunal de los propios Estados Unidos) sino que, además, es una nueva apropiación privada del espacio público, la ciudad.
Pero esta es también una nueva apropiación del trabajo ajeno, no solamente por la comisión que se lleva del propietario del vehículo adherido al sistema, sino del trabajo ajeno que implica el sostenimiento de la ciudad, que pagamos los ciudadanos. Porque para que esos vehículos puedan circular es necesario mantener la infraestructura. Trabajo futuro, apropiación de trabajo futuro.
Por supuesto que el problema no es la tecnología de la aplicación que puede ser muy útil para muchas otras cosas.
Pero esa tecnología tiene propietarios, que ya no son los propietarios clásicos que el Papa de la narración quería endosar a los frailes. No solamente por los montos: la última valuación de Uber es de 62.500 millones de dólares. (Ford tiene un valor bursátil de 49.100 millones y General Motors de 45.000). Sino porque es el asiento de la nueva propiedad financiera.
Como vimos Uber no es propietaria de los vehículos y, salvo para el fallo citado que considera que los choferes son empleados suyos, tampoco tiene un ejército de conductores. Su valor es el de la perspectiva de ganancia, la plusvalía futura. El asiento 
De la nueva forma de la propiedad. La propiedad de intangibles, ya no la de los libros, utensilios, vestimentas y alimentos de los conventuales.


Aplicaciones y capital financiero.

“La fiebre inversionista en Uber continúa. Ahora es el turno de grandes fortunas que están interesadas en entrar en este momento en el accionariado de la compañía con la vista puesta en las altas plusvalías que podrían obtener en una futura salida a Bolsa.
Merrill Lynch y Morgan Staley han comenzado a ofrecer acciones de Uber a clientes con un elevado patrimonio neto, según informan varios medios estadounidenses. Los títulos de Uber no están al alcance de cualquiera, puesto que los bancos exigen una alta inversión para poder entrar en el capital de la compañía.
Concretamente, Merrill Lynch está ofreciendo las acciones a clientes que tengan un patrimonio neto superior a 100 millones de dólares y exige una inversión mínima en Uber de un millón de dólares. Por su parte, Morgan Stanley ha establecido una compra de, al menos, 250,000 acciones. […] Goldman Sachs, uno de los primeros inversionistas en Uber, también vendió en el pasado deuda convertible de Uber a algunos de sus grandes clientes”. (El Economista, México, 14 de enero 2016).

Goldman Sachs, Merry Lynch, Morgan Stanley. Agentes de la reestructura de la deuda argentina. De los acreedores, claro.
Usuarios de facto de la ciudad. Economía colaborativa.

Edgardo Logiudice
Mayo 2016.


domingo, 1 de mayo de 2016

Los CEOS, el Estado, la intelectualidad. ¿Y ahora qué?

Breves apuntes.


En la medida en que las relaciones sociales; de los hombres en general y de los productores en particular, se hallan cada vez más mediadas en el complejo del poder económico, al punto que se despersonaliza su dominación a través de todo tipo de subcontrataciones, parece desaparecer la mediación política clásica.

Los partidos políticos tradicionales legitimados en la representación parecen haberla abandonado sustituyéndola por la “capacidad de gestión”. Se anuncian como expertos, particularmente de los respectivos presupuestos fiscales. Presupuestos que en la casi totalidad de los países gira en relación a préstamos en sus distintas variantes. Estamos en la época de la economía de la deuda.  Los presupuestos giran en torno a la capacidad de endeudarse. Estados Unidos es el mayor deudor del mundo (parece que el único que se salva es Noruega). Los gobiernos giran alrededor de la gestión de las deudas. Todavía gobiernan a través de la técnica electoral, como si fuera lo mismo que la representación y, como si también fuera lo mismo, democrática. Aun así los mecanismos electorales vienen sufriendo una tendencia fuertemente abstencionista en la mayor parte de los países. Para las grandes masas migrantes directamente no existen.

Para los grupos financieros, en la medida en que los préstamos se afianzan como inversiones directas, los aparatos del Estado aparecen como mediaciones inútiles, y costosas. Si bien los costos los pagan los contribuyentes, liberarlos de su imputación a los mediadores significa más dinero disponible para sus propios gestores. Y sus negocios. O negociados.

Los préstamos a interés, venta de dinero, que de eso se tratan las llamadas deudas soberanas, en el proceso de financiarización, parecen constituir hoy la parte hegemónica del capital fusionado en las cadenas de valor global. La hiperliquidez de capitales, el estancamiento productivo, la volatilidad de los commodities, hacen temer por la estructura del edificio financiero basada solamente en la ingeniería de los futuros.
De allí la tendencia a las inversiones directas, muy distintas a las de las filiales del siglo XX.
Dirigidas en particular a la agroindustria, minerales, infraestructuras, energía y tecnología de comunicaciones, es decir los resortes económicos y estratégicos fundamentales.
Pero, además y -según parece- sobre todo, constituyen una garantía más efectiva que las rentas del Estado. Puesto que éstos suelen pagar sus deudas con más deudas. Es decir, riesgo.
Se trata de verdaderos imperios flotantes, itinerantes, que, a la vez que concentran las decisiones, fragmentan la ejecución. Imperios, o supraestados sin fronteras físicas, ubicuos, donde el trabajo es cada vez más social en la integración global tanto de la producción cultural como “material”, pero que aparece como individual, independiente. Así lo es con las figuras delos trabajadores “autónomos”, de los innovadores y emprendedores, pero también en la figura del CEO liderando un equipo. Un director ejecutivo al que se le atribuye un talento individual, singular.  De allí la importancia otorgada a la formación de líderes. Estos constituyen, como cuadros expertos, la intelectualidad orgánica de los sectores dominantes. Se trata de una nueva intelectualidad de tipo pragmática.

Recientemente se realizó en Dubai un encuentro internacional sobre la formación profesional y la educación entre expertos pertenecientes a universidades e instituciones privadas. Entre ellos algunos que han tenido funciones públicas (uno había sido secretario de Estado de Educación de Obama). Participaron también algunos funcionarios actuales de 22 estados, entre ellos Esteban Burlich.

Allí se realizó una encuesta con un título algo provocativo, algo así como si las universidades todavía sirven para algo. Por muy escaso margen triunfó la posición afirmativa. Pero la intervención de un importante hombre de negocios fue muy clara: necesitamos profesionales que realicen nuestros objetivos.

Ese parece ser el perfil de la nueva intelectualidad. Y esos expertos son los ceos que relevan a los llamados políticos en las funciones del Estado. Una de sus características, se señaló allí, es la carencia de visión general de las cuestiones.           

Y ese parece ser también el paradigma epocal en los partidos políticos, viejos y nuevos. Líderes que apelan a la representación sólo en tanto técnica electoral. Por ello es bastante común la “puerta giratoria”. De la actividad privada a la pública y de ésta a la primera. No solamente en los gobiernos nacionales sino en los organismos internacionales. En los primeros para evitar los “conflictos de interés” se inventaron los “fideicomisos ciegos” que no son más que una  manera de llamar a los testaferros con otro nombre. En los organismos internacionales, particularmente de crédito (Banco Mundial, FMI, etc.) ese recaudo ni siquiera aparece. La mayor parte de los directivos son o han sido ceos bancarios o financieros. Pero también ocurre, por ejemplo, en la FAO.  De estas cosas hablamos cuando lo hacemos de la “ceocracia”.

En la medida en que fue cayendo la máscara de la representación de la soberanía popular las leyes no aparecen como expresión de la voluntad general. Está claro que, en realidad, nunca fueron ni una cosa ni otra. Pero la ideología contractual que la sustentaba fue la forma de legitimidad por excelencia del Estado moderno y, en ese sentido, alentó la participación de los comprendidos como ciudadanos en las decisiones políticas, es decir en las decisiones que afectan la conducta de grandes sectores de la población. Cuando y donde las organizaciones populares pudieron acumular fuerzas la ideología de la democracia representativa llegó, al menos potencialmente, a resultar peligrosa para el poder económico.

El liderazgo no es un fenómeno moderno, pero lo que así llamamos ha sufrido y sufre determinaciones históricas. No es lo mismo el líder guerrero que el cívico. Y transformados los partidos políticos en meras máquinas electorales su figura también fue refuncionalizada. Líderes constituidos al efecto, construidos desde la publicidad. Una técnica de liderazgo centrada en supuestas características personales. Una de ellas la experiencia de gestión. Con lo cual quedó abierta la puerta a los verdaderos gestores sin que éstos tengan que agregarse aditamentos de idearios políticos o pasados de evocación histórica o algún tipo de identificación específica. Precisamente porque no se acude a ninguna representación El discurso ambiguo pretende ser genérico, abarcar a todos, pero centrando en la eficiencia.

El desprecio a la deliberación representativa ya venía unido a las decisiones del líder y los órganos ejecutivos, particularmente económicos. Se abrió la puerta a los decretos y resoluciones con la misma fuerza de la ley de los parlamentos. Ello fue denunciado en casi todas las “democracias” de Occidente. Hasta que el asunto ha sido naturalizado como estado de excepción frente a la urgencia de las medidas económicas, como si se tratase de economías de guerra. Entre nosotros los célebres DNU. La necesidad y la urgencia son el atajo para las medidas excepcionales del tipo de estado de guerra, de necesidad, de sitio, resumidos en el Estado de Excepción reinante en el mundo, asociados a las dictaduras y al terror de estado. Una especie de estado de excepción económico.   

Con esto nos tenemos que enfrentar. Y ello implica desafíos prácticos e intelectuales. Actuales y concretos. Si estos cambios en las formas políticas se relacionan, directa o indirectamente, con nuevas estrategias de los sectores capitalistas dominantes -como parece-, será conveniente profundizar en ellos. No parece que se pueda volver a viejos esquemas. De poco parecen servir las organizaciones políticas tradicionales, convertidas en agencias de publicidad.
En el mundo aparecen otras búsquedas, todavía resultan insuficientes puesto que el sistema dominante las suele absorber. Pero no queda otro remedio que seguir intentando. Sin fórmulas reductivistas ni mesiánicas. Ni nostálgicas. Apelar al pasado puede congregar y derivar en algún movimiento político social, pero también puede agotarse en sí mismo si no entrevé, no conjetura, un horizonte distinto. Las memorias de luchas no son suficientes si no sabemos bien porqué luchar. Socialismos, anticapitalismos, anticolonialismos son banderas identificatorias de rebelión, insumisión, pero son abstracciones. Lenguajes que ya pocos entienden algo más allá de los ámbitos muy politizados o académicos. Jerga de convencidos para convencidos. Me temo que no hayan escapado de allí, de ese espacio, las propias posiciones críticas de izquierda al discurso del proceso saliente. Creo que no se superaron los términos de las problemática planteada por él. En verdad bastante pobres. Discursivamente nacionales, populares y hasta patrioteras.
Si hay alguna razón para que ello fuera así, creo que ha sido cierta negligencia de la intelectualidad autodefinida progresista o de izquierda, entusiasmada con cambios políticos regionales pretendidamente autonómicos, en estudiar los nuevos fenómenos que, alumbrados en los años 70/80, ya se habían asentado al comenzar el milenio. Los cambios estratégicos del sector financiero del capital fueron posibles gracias a lss gigantescas transformaciones en los modos de producir y de apropiación. La revolución en la agricultura es un ejemplo que pone a prueba el significado actual de una reforma agraria, al menos en grandes zonas del país. La financiarización de la agricultura (esos fueron sus commodities) cambió el sistema de relaciones sociales en el agro, la agroindustria y, con ello el papel de la tierra. La urbanización es otro ejemplo. Con ella el crecimiento de los servicios, lo suficiente para preguntarse ¿Qué tiene que ver el sustitutivo con ello? No parecen muchos los que de eso se han ocupado.         

Creo que para bucear algún orden distinto, el punto de partida es la crítica, no sólo al sistema y sus efectos, sino a su ideología, a su nueva ideología que no se agota en el genérico “neoliberalismo”. Pero ello implica una crítica a muchas de nuestras concepciones sobre los mecanismos prácticos de apropiación del trabajo, de dominación, de control, del disciplinamiento ideológico por fuera de los aparatos del Estado. Alejados de la revolución cultural y material que supera en mucho a la famosa Ley de Medios. Revolución que produjo (produce) un desplazamiento no sólo de agentes de la producción material incorporando otro tipo de agentes adaptados a las nuevas técnicas y con nuevas subjetividades, sino también un desplazamiento de la intelectualidad tradicional. Parece que se trata de generar jóvenes talentosos y competitivos. Con ello se consolida la escisión social. La temida desigualdad extrema que preocupa a muchos economistas, sociólogos, filósofos. Más a Francisco, pese a todo, que a muchos “políticos”. Los desplazamientos significan no solamente pobreza material sino pobreza intelectual.
No faltan intentos de abordar y superar los nuevos problemas, pero creo que quedan aún en esfuerzos individuales. El desafío es colectivo. Y no solamente para la izquierda en cualquiera de sus variantes. Basta mirar los efectos de estas políticas: guerras, armamentismo, corrupción, hambre, degradación del planeta y sus habitantes.

Anuladas, neutralizadas o amenguadas las mediaciones políticas – lo que comúnmente llamamos política – fuera del espectáculo chicanero, entre farandulero, deportivo y policial en la televisión (con las mismas caras y argumentos repetidos hasta el hartazgo), la actividad parlamentaria sólo significa algunas componendas para darle forma de procedimiento legal a las decisiones ejecutivas. Y las decisiones desnudas son algo más que formas autoritarias. Si quisiéramos darle un nombre de la jerga política diríamos que se trata de un neo-fascismo, cuyo consenso se asienta en mediaciones de lo que llamamos mercado. Las nuevas relaciones sociales surgidas de la economía de la deuda. Podríamos así decir el fascismo de las deudas. Si se quiere ser menos preciso, fascismo de mercado. Lo que se traduce en que todo ciudadano es un terrorista virtual.
Porque, aunque no se deje –lo vemos- de apelar a ella, no es la fuerza de la violencia física el principal recurso de dominación. No tiene la apariencia de una guerra directa clase contra clase. Por un lado porque las clases tradicionales aparecen desdibujadas por la fragmentación y las subcontrataciones, por otro porque las formas de apropiación del trabajo ajeno exceden los marcos del salario y las remuneraciones. El endeudamiento de hogares a través del consumo es una forma de apropiación del trabajo futuro. Sobrevivir hipotecado.
Ello conlleva un sinnúmero de relaciones sociales obligatorias que no aparecen como tales, constituyendo las verdaderas mediaciones más fuertes pero menos explícitas que las mediaciones políticas. Pero son políticas en la medida que deciden las conductas de grandes grupos humanos. Son tan violentas y tan represivas como las que se ejercen desde el monopolio de la fuerza del Estado.
En esto se apoya y legitima la ceocracia, aparente gobierno legal de los gerentes como falsos mediadores.

Falsos mediadores políticos, fascismo de mercado. Demasiado sencillo decir “negocio manejado por sus dueños”. Vuelta al FMI, ajuste y endeudamiento eterno. Creo que la cosa va más allá. Incorporación del país y sus productores, la  clase-que-vive-del-trabajo al papel de proveedores primarios de las cadenas globales de valor, sobre las que pivotea y hegemoniza el capital financiero. Incorporación selectiva, lo que significa recluir en el gueto a los sobrantes, los excluidos. Con el falso asistencialismo de asignaciones universales, como coartada para suprimir bienes públicos. El caso de Bélgica es elocuente. La asignación libera al estado de cualquier responsabilidad.

Seguirán las luchas clásicas, por los salarios, el empleo, las condiciones de trabajo, de vida, por la inclusión; porque los problemas existen. Pero que habrá que tener presente que esas luchas están subordinadas a otras nuevas. A la vez específicas pero más generales. Un desafío. Me parece que ignorarlas condena la utopía a una abstracción infecunda, no sólo imposible sino improbable.     

Edgardo Logiudice

Abril 2016

martes, 1 de marzo de 2016

Autocríticas postelectorales.

Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos.
Jeremías 4:22. Reina Valera 1960.


Estos tiempos no parecen de críticas tardías. Se impone la urgencia de parar a la bestia.
Ni tampoco de autojustificaciones no reclamadas. Mucho menos de reproches.
Pero parece que algunos compañeros se han visto obligados a hacerlo con, al menos la declarada, intención de promover un debate sobre las causas de la derrota.
Así desde dos distintas posturas, aunque convergentes, lo han hecho Mempo Giardinelli y Atilio Borón. Ambos se definen como acompañantes del proceso kirchnerista. Ambos sostienen haber hecho cuestionamientos críticos.
Para ambos la derrota electoral se podría haber evitado, fue "gratuita" dice Atilio. Coinciden en la existencia de gruesos errores. Aislamiento, incapacidad para tejer alianzas. Cosas básicas en la "gran política". La negociación, "que eso es la famosa gobernabilidad" dice Giardinelli. Pese a la estatura de estadista inteligente y aguerrida de la encargada de la jefatura. Líder.
Además está el "entorno". Y finalmente el pueblo que, para Mempo, también se equivoca.
De paso ¿por qué no? el reproche al voto en blanco. Para el que Borón recurre a sus conocimientos de la teoría de los juegos: unos hacen el gasto y otros aprovechan, sin riesgo, el beneficio. Los que hacían el gasto eran los que votaban "desgarrados" a Scioli y los otros "se iban a dormir con su conciencia revolucionaria en paz". El compañero Atilio.

El discurso de Giardinelli es un discurso al interior del peronismo[1]. Para él "el kirchnerismo hizo una revolución democrática con innovaciones políticas, reformas institucionales, económicas y sociales…y sin dudas estos 12 años fueron una fiesta para vastos sectores populares". Un artículo periodístico de un reconocido escritor. Que tiene el derecho de hipostasiar al Pueblo para, luego, cargar las tintas sobre la responsabilidad y las características del Líder y los errores de aquél pueblo. Como Jeremías. 
El texto de Borón es presentado como un "ensayo". Y el autor no ahorra títulos para presentarse: "un pensador revolucionario, anticapitalista, comunista" que reivindica el marxismo y el materialismo histórico. Títulos suficientes para merecer algo de atención. Más aun cuando a esos galardones se les pueden agregar muchos otros, como su doctorado en Harvard. Y su amplia trayectoria académica de las que resulta el conocimiento de prestigiosos autores con cuyas citas nos enteramos, por ejemplo, de que "en política la forma es el fondo".

Ni todos esos títulos, ni ser un hombre público,  con llegada a medios de prensa nacionales y regionales, presencia en congresos y foros internacionales, le valieron a Borón para hacer llegar sus críticas "expresadas con la intención de mejorar lo que debía mejorarse". "Esas críticas…estaban condenadas al ostracismo. Sobrevivían en los pequeños círculos de los amigos, que compartían la preocupación…pero no pasaban de allí". Patético: "La voz de orden era, pues, de acompañar el proceso y abstenerse de formular críticas o, en caso de hacerlas, cuidar que la misma no trascendiera más allá de un insignificante cenáculo de iniciados". ¿El pensador revolucionario, anticapitalista y comunista está diciendo que el fascismo ahogó su voz? Puede ser, ya que ni él, marxista ni Giardinelli, peronista, cuentan entre los "errores" del kirchnerismo la ley antiterrorista.

Dispuesto, ahora, a cumplir con "una suerte de juramento hipocrático a decir la verdad a cualquier precio", atendamos a los análisis de su ensayo.

Atilio nos advierte que el peronismo no es revolucionario, nos explica porque había que apoyar al kirchnerismo y nos dice que deberemos hacer de aquí en más.
"Es sabido que una experiencia de matriz peronista inevitablemente carece de la radicalidad que las condiciones actuales exigen". Tomamos nota. "Sus contradicciones son inocultables: promoción del «capitalismo nacional» pero vigencia de las leyes de Inversiones Extranjeras y de Entidades Financieras de la dictadura militar.." Y así AUH pero regresividad tributaria, YPF sociedad anónima con acuerdos secretos, alianza con Barrick, Chevron, Monsanto…enumera Borón.
"El kirchnerismo no tenía la superación del capitalismo en su agenda, ni siquiera remotamente". "La izquierda, para ser tal, es necesariamente anticapitalista". "¿Por qué brindarle entonces un apoyo crítico?...Kirchner sintonizó muy rápidamente, al inicio de su gestión, con el nuevo clima político regional…Su indocilidad ante el FMI también lo hizo merecedor del apoyo de las fuerzas de izquierda". Tal indocilidad se agrega a los conocidos latiguillos del cambio de la Corte, etc.

Méritos tales, entonces para que aceptemos que la izquierda debía hacer una "alianza táctica con el kirchnerismo": remendar una Corte que se caía sola, disfrazar el pago de la deuda con la palabra desendeudamiento. Claro es que "teniendo en cuenta las duras realidades del tablero geopolítico mundial ¿en qué otro lugar podía estar una fuerza de izquierda?". Es que, "uno de los grandes enigmas de la política latinoamericana es la sistemática ceguera de un sector de la izquierda ante las multifacéticas políticas del imperialismo en la región". Tomamos nota de nuestra ceguera que nos impide ver que Barrick, Chevron, Monsanto, no tienen nada que ver con las multifacéticas políticas del imperialismo. Tampoco la Ley de Inversiones Extranjeras, ni todo lo que Borón contabiliza como "contradicciones": el protagonismo "del rechazo del ALCA pero sin ingresar al ALBA". Como para Giardinelli, la corrupción es un mal endémico argentino.

Dado que Borón alega las explicaciones dialécticas ¿puede el lector intuir al menos que esas contradicciones no sean contradictorias? ¿Que sean en realidad formas de las estrategias en ese enigmático tablero geopolítico como una cara más de las multifacéticas políticas?
Políticas de restauración del Orden. ¿Que la forma de contradicción no esté ocultando su función gatopardística?      

La izquierda deberá movilizarse para escuchar a Alex Kiciloff. Dice Atilio, con resonancias leninianas, "la constatación de la catástrofe que se avecinaba provocó la espontánea movilización de vastos sectores de la sociedad ante la imperdonable deserción del FpV, La Cámpora, UyO y las organizaciones sindicales…salieron a la calle imbuidos por un fervor militante como no se había visto desde las grandes jornadas de finales de 2001…esa irrupción de masas…también se manifestó en el acto de despedida de Cristina…las sucesivas autoconvocatorias…como por ejemplo la que tuvo lugar en el Parque Centenario…para escuchar al ex ministro de Economía Alex Kiciloff".
"Es ese espacio de autoconvocados y movilizados donde deberá trabajar la izquierda para construir esa alternativa que el kirchnerismo no supo ser". Bien, tomamos nota.

Desde ese atalaya, o composición de lugar Borón se propone arrojar "algo de luz sobre las causas y las consecuencias de la derrota del kirchnerismo".
Propone distinguir dos órdenes de factores causales: mediatos (económicos) e inmediatos (la campaña electoral).

De las causas mediatas el ensayista enumera: 1) la inflación, 2) el impuesto a las Ganancias y 3) el dólar (el cepo).
De las inmediatas: 1) el maltrato, por parte de Cristina Fernández y su entorno, al "único político que podía haberles evitado la derrota", Scioli; a) el error estratégico de no aceptar el "voto táctico a Lousteau" en el balotaje de la Ciudad que, de haberse adoptado "probablemente la situación de la Argentina, y de América Latina, sería hoy bien diferente"; 3) la elección de Zanini: "un error mayúsculo que podría haber sido evitado si Scioli elegía (y no Cristina) un compañero de fórmula si no atractivo al menos digerible"; 4) la imposición de Aníbal Fernández como candidato a gobernador de la Provincia de Buenos Aires. El autor sostiene que, dado que "el Papa Francisco haría asegurado un discreto apoyo al sciolismo…y sugerido la conveniencia de un hombre como Julián Domínguez, muy allegado a la Iglesia y su obra pastoral en el conurbano" era conveniente oír su sugerencia; 5) el "fuego amigo" del internismo y, 6) no haber "percibido que vastos sectores de la sociedad querían un cambio".
Todo esto que el pensador revolucionario no pudo decir sino a los allegados lo habían anticipado Marcelo Bonelli o Maximiliano Montenegro, en forma verbal o por escrito.

Finalmente el Doctor Borón, después de señalar las diferencias de estilo entre Néstor y Cristina (esta última con actitudes soberbias y limitación de su capacidad de escuchar, dialogar y hacer alianzas) y de acudir a Gramsci a Maqiavelo y a Jesús Reyes Heroles, extrae de ese análisis un conclusión teórica: el consumo no crea hegemonía.
La tesis está construida en base dos historias apreciadas bajo la lente del sociólogo.
"Un humilde lustrabotas del microcentro porteño, un hombre entrado en años, venido de una provincia pobre de la Argentina le confiesa a uno de los habituales clientes que había votado a Macri «porque estaba demasiado grandecito para soportar que la presidenta lo retara en la televisión». Otro: en un modesto almacén del conurbano su dueña debía apagar la televisión cada vez que comenzaba una cadena nacional porque su clientela ya no quería escuchar a Cristina. Y la mayoría estaba formada por beneficiarios de diversos programas sociales del gobierno".
De esta aguda observación el ensayista ahonda en su tesis. "Se confió en la magia del mercado: accediendo a algunos bienes se suponía que los nuevos consumidores retribuirían lealtad política". Para concluir: "la hegemonía es el resultado de la educación política".
Cualquiera podría preguntar ¿Y quién es el educador, los educadores? ¿el líder providencial? ¿la vanguardia iluminada? ¿el Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional?

El escritor Giardinelli nos decía que el pueblo se puede equivocar. Bien parece que los beneficiarios de los programas sociales del gobierno volcados al mercado consumista no responden de forma adecuada si no se los educa políticamente. Será que, como decía el profeta, no son entendidos, mi pueblo es necio. En suma, no estarán Maduros para entender de geopolítica.

A este ensayo llamó el autor: El poder de la crítica y la crítica del poder[2].

¿Con estas críticas y autocríticas vamos a encarar la resistencia?
Mal me temo que, si no intentamos superar este nivel de análisis del papel del kirchnerismo, poco podamos entender qué cosa significa el macrismo. Al que aquél dejó todos los instrumentos para gobernar como lo está haciendo. En las formas y en el fondo.



                    

Edgardo Logiudice
diciembre 2015



[2] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=207117