jueves, 8 de septiembre de 2016

El ceomacrismo ¿le resolverá el problema a la financiarización?. Las APP, las PPP y los cambios de estrategias capitalistas

Los barones globales del dinero andan con problemas. El nuevo gobierno con el acuerdo de la “oposición” ya les resolvió uno: pagó a los célebres buitres, sigue pagando serialmente los intereses y sigue emitiendo deuda soberana con tasas olímpicas. Y un perdón fiscal no pensado precisamente para los fondos ocultos en Villa Soldati.
Hasta que lleguen las inversiones, dicen.
El 8 de junio el Ministro Frigerio confirmó el envío al Congreso del proyecto de Participación Público Privada durante el 14° Foro de Liderazgo en Infraestructura.
El 30 de ese mes Marval, O’Farrell & Mairal celebró el acontecimiento. Se trata del estudio de abogados más grande de la Argentina especialista en transacciones financieras  internacionales, particularmente en energía y recursos naturales, tiene oficina en Nueva York.


Capitales sin destino a la vista.

Pues bien, los fondos de inversión, los fondos de riesgo, son demasiados. Sobreabundan, hay hiperliquidez. Y, a la vez hay saturación de deuda, no solamente de los países llamados emergentes. China, ahora potencia capitalista en todos los órdenes, tiene una deuda del 248% sobre su PBI y, a la vez, fondos privados de inversión por 3,5 billones de dólares. La economía mundial está en recesión y ello acarrea dos problemas: inseguridad de los mercados y, lo más preocupante, peligro de ingobernabilidad.
La economía de la deuda, la ingeniería financiera de los futuros y derivados, parece haber tocado techo. Los resonantes cambios tecnológicos con sus innovaciones y la economía colaborativa y las grandes cadenas globales de valor no parecen suficientes para reactivar la economía productiva como lugar en que puedan alojarse los grandes flujos de capitales líquidos.
Ni las tasas negativas del Banco Central Europeo, ni la reducida tasa de la Reserva Federal de Estados Unidos, cuyo anunciado aumento está congelado, ha derivado fondos hacia la producción. La baja de las materias primas y todos los commodities ha dejado sin piso a muchos negocios financieros y a las economías de América Latina.
Los fondos, buitres y palomos, acusan temor y no hallan lugares mínimamente seguros para amarrar.
La consigna es, entonces, inducir a los gobiernos, que ya se han transformado en simples gestores de endeudamiento y recaudación, a asegurar, apalancar inversiones con obras de infraestructura ofreciéndolas como garantías.


Krugman: endéudense.

La consigna de los vendedores de capital a los Estados es endéudense. Así lo aconsejó el premio Nobel Krugman al próximo gobierno estadounidense. A la potencia más endeudada del mundo con déficits fiscal y comercial ingobernable. Asesor de la escandalosa Enron y de Ronald Reagan, otrora autor de los mayores elogios a Piketty, centinela de la gobernabilidad. La desigualdad extrema es peligrosa.
Hay que ponerse en el lugar de estos señores, sus capitales están ociosos, la pirámide de deudas se constituye sobre la base de activos intangibles, cuyo valor es convencional o producto de las expectativas de ganancias. Si comienzan a caer, el efecto es de dominó, como fue el de las hipotecas subprime en Estados Unidos y no se sabe si esta vez se podrán socializar las pérdidas.
¿Por qué no nos endeudamos e invertimos?” Pregunta el Nobel.  “Lo que más necesitamos es aumentar fuertemente la inversión pública en todo, desde energía o transporte hasta el tratamiento de aguas residuales”. Vale decir, infraestructura.
Después, a largo plazo, las deudas se pagarán solas: endeudarse en infraestructura significará más ingresos fiscales (“Estos ingresos adicionales probablemente serían más abultados que cualquier suba en los pagos de intereses futuros”), generará empleos (Hay que tomar en cuenta “el papel potencial de la inversión pública en la creación de empleos”) y lo más importante “ofrecería una valiosa garantía contra posibles sacudones futuros”.
Hasta acá el vocero ofreciendo la mercancía capital.


El problema es político.

El Financial Times publicó el año pasado un artículo de John Authers: Hace falta un billón en inversiones para infraestructuras. Dice: “Está claro que los inversores privados tienen apetito por las infraestructuras”; una encuesta realizada a los grandes fondos de pensiones  arrojó que muchos tenían previsto incrementar allí sus inversiones “más que en capital de riesgo, los hedge funds o la mayoría de los activos. Pero esa inversión conlleva un riesgo en la falta de garantías, especialmente en los mercados emergentes. Pero “para los gobiernos […] representa un dilema político básico: hacer que los ciudadanos paguen por algo que antes era gratuito es impopular”. Las tarifas, claro. Después está el tema de que se tarda mucho más tiempo en finalizar un proyecto que lo que dura una legislatura de un gobierno democrático. “Es realmente un problema de política pública. Si hubiera un marco financiero y fiscal sostenible los inversores aportarían el dinero para los proyecto enseguida”. Para la gestora de activos BlackRock  una solución sería “eliminar los intermediarios y gestionar los proyectos ellos mismos”.
Quizá la alternativa sea tener sus propios “ceo-representantes”  en los gobiernos, como parece que está sucediendo en América Latina.


Infraestructuras.

Inversiones en infraestructuras y APP, Alianzas Público Privadas, o PPP, Participación Público Privada, son las palabras claves de la salida que buscan los fondos de inversión.
Esto hace pensar en un cambio de estrategia con el cual se abandona (en los fondos más fuertes) por demasiado riesgoso (“posibles sacudones futuros”) para asentarse en garantías más tangibles, activos públicos con un Estado como asegurador de la renta.
Y no es que lo digan economistas marxistas o criptomarxistas, lo dicen los propios interesados, las agencias de negocios y finanzas, que son quienes deciden, y lo adoptan luego los organismos intergubernamentales.

Después lo repiten también algunos amigos poco avisados, o no.
Entre estos últimos, llamativamente un mes antes del envío del proyecto de PPP, Rubén Lo Vuolo (asesor de Carrió y luego de Stolbizer) en Clarín, que abogó por el rápido pago a los buitres, hizo una feroz crítica al capital financiero, y Mónica Peralta Ramos, elogiada oportunamente por Cristina Fernández, por su parte en Página 12, sostuvo que “el talón de Aquiles de Macri”  es el endeudamiento que atenta contra las inversiones en infraestructuras que son las que generarían el desarrollo que genera empleo.


La aspiradora, el miedo y nuevas estrategias.

Daniel Lacalle es un economista español, asesor de negocios reconocido por Extel Thomson Reuters Survey, una de las más importantes agencias de negocios financieros, entre los mejores gestores de fondos. Escribió no hace mucho El 'efecto aspirador': el dinero local escapa de los mercados emergentes. Decía: “Se estima que la inversión de capital extranjera hacia los mercados emergentes caiga a […] niveles inferiores a los de 2008 y 2009, en medio de la crisis. Esta caída de inversión no está motivada por falta de liquidez, que es más que excesiva por las inyecciones monetarias de los bancos centrales, ni por altos tipos de interés, con 28 bancos bajando tipos y gran parte de las mayores economías con tipos cero. […] Es caída de la inversión por saturación de deuda y percepción de riesgo muy superior a lo que los bancos centrales anuncian. […] nos podemos encontrar con una enorme cantidad de préstamos que son imposibles de pagar ante un escenario de crecimiento pobre o recesión”. En suma, sobra liquidez pero hay saturación de deuda y miedo al riesgo.

“Para Daniel Weston, fundador de Aimed Capital, «el dinero se está poniendo más defensivo por el riesgo de una crisis deflacionaria o una recesión en el crecimiento global. Hay muchas razones para que los inversionistas se alejen del riesgo en estos momentos»”.

Nuevo Poder es una publicación chilena de corte liberal. Leo: “los inversionistas han decidido realizar un cambio en sus estrategias globales. Si antes lograr una mayor rentabilidad era lo que les quitaba el sueño, hoy lo que los mantiene despiertos es simplemente tener su dinero en un lugar seguro”.


Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes.

El 31 de julio del 2012, el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon anunció la composición de su Grupo de Personas Eminentes.
El sector empresarial  ha estado representado por Paul Polman, director ejecutivo de Unilever, y Betty Maina, directora ejecutiva de la Asociación de Manufactureros de Kenia.
El Grupo de Alto Nivel señala que consultó a los directores ejecutivos de 250 empresas de 30 países, cuyos ingresos anuales superan los 8 billones de dólares.
Por otro lado, a principios del 2011, el Pacto Mundial lanzó una nueva iniciativa con un número selecto de empresas, el Global Compact LEAD, que cuenta actualmente con 55 participantes, incluidos Bayer AG, Heineken, Lafarg, Tata, Coca-Cola y Vale.
En 2012 el Secretario General de la ONU puso en marcha la RSDS, Red de Soluciones para el Desarrollo Sustentable con veintiún representantes de empresas en su Consejo de Liderazgo que incluye a la minera Anglo American y al grupo financiero Citigroup.  

Las personas eminentes que asesoran a las Naciones Unidas son los ceos de las empresas y las finanzas. La función de la organización mundial es darle cobertura legítima a sus estrategias. Y esta se llama ahora “paradigma de desarrollo sostenible”.


El desarrollo sostenible.

El Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes fue el consultado por la UN para elaborar la Agenda de Desarrollo Post-2015, primero y luego lo fue nuevamente para la Agenda 2030.

Previamente, en diciembre de 2014, el Banco Mundial publicó la opinión del gerente para América Latina  de su organismo afectado al sector privado, la Corporación Financiera Internacional, dedicado a las APPs. Decía éste: “América Latina se enfrenta a una desaceleración económica después de una década de bonanza […]. La situación ahora es cómo prepararse cuando hay que desarrollar grandes autopistas, acueductos o centrales eléctricas para cubrir la mayor demanda de servicios de los latinoamericanos”. Sostiene que aumentó la relevancia de la inversión de los fondos en energía, transporte, telecomunicaciones y agua y saneamiento. “Según los expertos, las dos grandes ventajas de las APP son, primero movilizar financiamiento privado para que los gobiernos no tengan que recurrir a sus recursos, a veces escasos sobre todo en épocas de turbulencias económicas; y segundo, contar con el conocimiento y el manejo gerencial y técnico del sector privado en proyectos que antes eran gestionados por el sector público”.

Para la Agenda 2015 las eminencias de alto nivel dijeron: “Las grandes empresas tienen dinero y experiencia para crear las infraestructuras que permitan a todas las personas conectarse a la economía moderna […] Se apoya un aumento de flujos financieros mejor dirigidos en el sector privado; se apoyan los centros de asociación público-privado en el seno de los distintos países; se fomenta la inversión extranjera directa en los países en desarrollo…” “La fuente de financiación a largo plazo más importante será el capital privado, proveniente de los grande fondos de pensiones, fondos de inversión…”.

El año pasado la UN aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Contó también con la participación del Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes.  En consonancia, la CEPAL, meses pasados elaboró un Informe para nuestro continente, Horizonte 2030.
Se trata en apariencia de una fuerte crítica a la financierización.  “La mayor presencia e intervención del sector financiero en distintos ámbitos de la actividad económica ha complicado la relación entre la actividad real y la financiera. […] la esfera de lo financiero tiende a primar sobre la esfera de lo real. Esto forma parte de un proceso de financiarización, definido como la creciente importancia de los mercados financieros, las instituciones financieras y las élites financieras en el funcionamiento de las economías y sus instituciones de gobernanza, a nivel nacional e internacional”.

Pero “La creciente desigualdad, la presión del ajuste externo sobre las economías más débiles y la caída de la inversión junto con la multiplicación de los activos financieros conforman un cuadro de incertidumbre y baja demanda agregada […]. Superar este escenario exige la construcción de bienes públicos para la estabilidad y el pleno empleo a nivel global […] y una nueva arquitectura financiera que reduzca la incertidumbre y la volatilidad generada por el apalancamiento excesivo y los movimientos especulativos de capital”.

“La inversión en infraestructura favorece el cambio estructural progresivo orientando hacia la reducción de las diferencias de productividad entre sectores y empresas de un país, al tiempo que se fortalecen los vínculos con el exterior y se aprovechan las oportunidades que ofrece la economía global”.

Finalmente “La trayectoria que proponemos tiene como condición clave la participación conjunta de los actores públicos y privados para incentivar la acción colectiva en favor de un nuevo estilo de  desarrollo con aumentos sostenidos de la productividad y la competitividad”.

Vale decir, la arquitectura financiera se ha vuelto volátil e incierta, alejada de la economía real, superar la situación es volcar esos activos en bienes públicos, con la participación conjunta de actores públicos y privados: las APP o PPP, como prefieren los autores del proyecto presentado al Congreso, siguiendo las siglas en inglés, Public-Private Partnerships.



La Casa del Altos Estudios.

El año pasado la Casa de Altos Estudios de la Bolsa de Comercio, que maneja el índice de valores de las acciones más importantes del país, el célebre Merval, del cual es vicepresidente Nicolás Caputo, el “hermano” del Presidente Ingeniero Macri, publicó “Participación del sector privado en la infraestructura: oportunidades e instrumentos” de Ariel José Chirom y Alejandro Gabriel Schachter.

El trabajo sintetiza la mirada de ese sector. Lo resumiré.

Infraestructuras. La noción de infraestructura comprende un conjunto de estructuras de ingeniería, equipos e instalaciones de larga vida útil en los sectores de energía eléctrica, transporte, telecomunicaciones y agua y saneamiento.

Mecanismos para atraer inversiones por parte del sector privado. En una APP, el sector privado es contratado por el sector público a fin de producir un activo público o proveer un servicio. Se caracteriza por ser una relación de largo plazo entre ambas partes, con riesgos y retornos “compartidos”.
No se trata sólo de que el sector privado financie infraestructura, el aspecto clave de este tipo de asociaciones consiste en que el sector privado gestione la producción o provisión de un activo o un servicio.
 La APP genera que el privado se haga cargo del proyecto en su totalidad, integrando costos de construcción, diseño, operación, mantenimiento y reformas. Otorga cierta libertad al privado de buscar mecanismos y soluciones innovadoras que generen mejoras de eficiencia.

El rol del sector público. Resulta necesario procurar la generación de incentivos correctos a fin de favorecer la eficiencia de la inversión privada.
Brindar señales claras a los inversionistas de que los compromisos incluidos en los contratos serán cumplidos.
En este marco, se destaca la relevancia del órgano regulador: el mismo debe ser autónomo y sus directivos deben actuar con independencia y competencia. Asimismo, este órgano debe contar con autonomía presupuestaria y administrativa, no debiendo estar sujeto a los procedimientos generales del sector público. Las características deseadas tienen como objetivo que el órgano regulador no sea “capturado” por parte de las empresas reguladas ni tampoco por el gobierno. 

Instrumentos para mitigar el riesgo regulatorio o de política. El riesgo de política debería ser mitigado principalmente por el sector público, ya que el mismo es el principal influyente en este último.

Garantías. Ante el elevado nivel de desconfianza actual del sector privado, se requiere la introducción de garantías que otorguen tranquilidad al mismo respecto a que el sector público cumplirá con los contratos firmados. De esta forma se propone el establecimiento de un fondo de infraestructura de garantías. El mismo debería estar constituido a partir de activos que sean suficientes para garantizar la confianza del inversor. El activo ideal  como garantía serían bonos del gobierno de largo plazo.
Una duda por parte del privado podría ser que si el país se encuentra ante una crisis macroeconómica podría también ingresar en default esa deuda invalidando así la garantía. En base a esta duda se recuerda que los bonos soberanos siempre tienen un valor de recupero (cercano al 30% como mínimo generalmente), por lo que sólo bastaría con ampliar el monto disponible para garantizar o incluso se podría hedgearlo parcialmente con seguros contra default.
Una forma de mejorar las garantías del fondo, sin comprometer más capital, podría ser que esos bonos argentinos fueran vendidos para comprar otros menos riesgosos. “De esta forma el costo para el gobierno es sólo el diferencial de tasa de interés”. Es indispensable que esta garantía se encuentre administrada por alguna sociedad que se encuentra por fuera del accionar del gobierno en pos de brindar confianza al inversor. Preferiblemente alguna sociedad extranjera.
Al emitir bonos, emisiones de deuda, la  principal ventaja es la posibilidad de ser demandado por inversores institucionales (aseguradoras o fondos de pensión), hecho que permite la emisión de deuda a mediano/largo plazo. Además, en caso de estar adecuadamente estructurados, poseen el potencial de un mercado secundario que limita la iliquidez de los mismos.

Los riesgos que garantizaría ese fondo.
a) Riesgo de demanda: es particularmente importante para proyectos de transporte o de energía. La incertidumbre respecto al flujo futuro de ingreso de efectivo.
b) Contratos futuros de demanda asegurada: garantizar la adquisición de la energía de un porcentaje de la producción.
c) Garantías de ingreso mínimo: Han sido utilizadas para garantizar un ingreso mínimo en proyectos  de transporte, especialmente concesiones de rutas.


Traducción.

Podemos señalar aquí algunas cuestiones.
Las infraestructuras mencionadas son los recursos básicos de cualquier nación, por lo tanto los bienes públicos por excelencia.
Los mecanismos para atraer inversiones privadas comprenden y exceden la financiación pues deja en sus manos los proyectos en su totalidad.
El rol del “sector público”, hasta aquí personificado en el Estado, es cumplir con sus compromisos, es decir renunciar a su atributo de, en su caso, rescindir los contratos. La regulación no queda a cargo suyo sino de un organismo completamente autónomo sin estar sujeto a los procedimientos generales del sector público, es decir ni al gobierno ni al parlamento.
Todo lo que queda al Estado es garantizar la inversión mitigando el riesgo regulatorio y de la política. No solamente dejando en manos de los inversores la totalidad del proyecto, sino protegiendo su crédito. Para lo cual tiene que crear un fondo de garantías emitiendo deuda a largo plazo, lo cual significa doble garantía.
Y más aún, garantizarle su inversión aun en el caso de que el país sufriera una crisis, emitiendo deuda por un monto superior, por las dudas baje el valor de los bonos necesarios para la garantía. En ese caso podría “hedgearlo parcialmente”, es decir dejarlo en manos de los fondos de alto riesgo, es decir los buitres. Pero aún más, si al canjear los bonos argentinos por otros de menos riesgo, que pagan menos interés, el Estado se haría cargo de esa pérdida al rescatarlos.
Para cumplir con esta misión, pagar como sea, es indispensable que lo administre una sociedad extranjera.
Todo eso para garantizar la demanda del servicio, es decir el consumo de lo que haga produzca o venda y de ingreso mínimo, es decir la ganancia.
A ello llaman riesgo compartido.
Agregan a esto la posibilidad de que las acciones de estas APP se vendan en bolsa y con ellas se puedan generar “productos estructurados”, es decir nuevos futuros y derivados. Con los que, obviamente, los mismos fondos financieros puedan seguir jugando a la especulación. Negocio a dos puntas con la máscara del Estado. 


Siguiendo en consejo de los eminentes de alto nivel y la casa de altos estudios.

Y en consonancia con los decretos anteriores en el mismo sentido que recuerda en sus fundamentos. Uno de Eduardo Duhalde y otro de Néstor Kirchner.
Copiando parcialmente la legislación de Perú, Colombia, Brasil y Chile, país este último que aplica el sistema al régimen penitenciario, incluyendo el monitoreo de la situación de los liberados después del cumplimiento de la codena. El Proyecto enviado al Senado va un poco más allá incluyendo la defensa nacional, el régimen hospitalario, la investigación y la educación. Y hasta zonas francas: es decir, proyecto ejecución y administración de centros tributarios. Cualquier despistado diría que se trata de la soberanía nacional.  
Con razón Marval, O’Farrell & Mairal, el estudio jurídico financiero ya mencionado, celebra que “El régimen impulsado por el PEN implica un cambio de paradigma en la contratación pública, al excluirse o limitarse significativamente las prerrogativas de derecho público de la Administración (entre otras, el poder de modificar unilateralmente el contrato, la rescisión por razón de interés público…”).
No tiene sentido transcribir acá los aspectos más significativos del Proyecto PPP elevado por el Poder Ejecutivo ya que sigue todos los pasos marcados por el trabajo auspiciado por los amigos de la Bolsa en la que el hermano Nicolás Caputo es figura relevante.
La lectura de su resumen basta.
Por lo demás, la brevedad y hasta ambigüedad del texto deja la puerta abierta a una interpretación “flexible” por parte del Poder Ejecutivo. Entre otras las de ofrecer como garantías la percepción de impuestos y, como lo sugiere el trabajo de la Bolsa, la emisión de títulos valores para que funcionen como “productos estructurados”, vale decir, como futuros para nuevas pirámides financieras. Esta vez con la legitimación del Estado y la garantía anticipada de los bienes públicos, es decir de todos nosotros.
Con lo cual el capital financiero mitiga su volatilidad e incertidumbre.


Sin panfletos.

Global Policy Forum es un organismo de control independiente que, con carácter consultivo, supervisa el trabajo de las Naciones Unidas y escruta la formulación de políticas globales. Sus miembros son o han sido asesores especializados en muy diversos asuntos abordados por la UN.
Lou Pingeot realizó un informe, La influencia empresarial en el proceso Post-2015, analizando la iniciativa que postula la asociación de estos grandes jugadores junto a los gobiernos con el título de multi-actor o Alianza Público Privada.
Interroga: “¿Han alcanzado las metas propuestas las iniciativas multi-actor y las alianzas público-privadas? ¿Han fortalecido las comunidades locales y satisfecho sus necesidades? ¿Cuáles son los riesgos y efectos secundarios para las comunidades afectadas?”
Y concluye: “En un contexto en el que las exigencias de información y las normas de responsabilidad para las APP se encuentran en un nivel muy bajo, es difícil evaluar su éxito o fracaso. Existe un cuerpo de investigación académica sobre los resultados de las APP, con muchos estudios de casos específicos de APP a nivel local y nacional, y en una amplia gama de áreas, incluyendo la salud, la prestación de servicios públicos y tecnología. Sin embargo, las conclusiones más generales, por ejemplo sobre cuánto dinero aporta el sector empresarial y la forma en que se asigna, no siempre se han elaborado a partir de estos estudios”.


PPP ¿Poder Político Privado?

Lo que vimos es un aspecto de lo que Juan-Ramón Capella llama “soberano supraestatal difuso”.
No literalmente una confabulación, una conjura o una conspiración. Más bien elaboraciones de estrategias conforme a una lógica en la que hasta la apariencia pública de los estados y los organismos internacionales o intergubernamentales es expropiada.
Si los Estados, como ya lo dijera Marx hace más de un siglo y medio, estaban a merced de los acreedores de la deuda pública, hoy eufemísticamente soberana, esta nueva estrategia adopta la máscara estatal como propia a través de la “alianza”, el multi-actor o la “participación”.  Ya no se trata de un poder en la sombra, ni de gabinetes en la sombra.
Este ceomacrismo, hemos visto, no es demasiado original. Ni en el campo internacional, desde que Kofi Annan, siendo Secretario General de la UN dio luz verde anunciando en el Foro de Davos la creación del Pacto Global, cuna de los eminente de alto nivel; ni en el campo nacional, desde que Duhalde, primero y Kirchner luego nos legaron sendos decretos de alianzas público privadas. Claro es que por esas épocas no prosperaron.
Los organismos intergubernamentales de crédito ya habían adoptado el sistema de reconversión de sus créditos en créditos de los fondos privados. El Plan Brady de restructuración de las deudas, ya con el default de Rodriguez Saa, exigía el cobro de sus créditos a través de entregarlo a los fondos. A Duhalde no le dieron los tiempos políticos y la tarea quedó a cargo de Kirchner, que siguió el ejemplo de Lula. Los fondos pudieron armar su arquitectura especulativa ya también con las deudas soberanas. Esta es la arquitectura que ahora tiene saturada la deuda de los países emergentes y que exige las APP y PPP. La puntada final para prepararlas fue el pago a los holtdous, sin pataleo.
Ahora, como propone la BlackRock a “eliminar los intermediarios y gestionar los proyectos ellos mismos”. Las PPP de Public-Private Partnerships a Poder Político Privado. Para eso están los ceos.


Edgardo Logiudice

Agosto 2016

viernes, 19 de agosto de 2016

Acerca de “Dimensión europea y cambio de régimen”. Intercambio de opiniones.

El artículo de Jesús Jaen parece inscribirse en la dimensión opositora del debate político español. No obstante la mirada del autor sobre los cambios en el seno de la Unión Europea creo que es útil para algunas reflexiones sobre asuntos que atañen y, a la vez, trascienden esa problemática.
Trataré de sintetizar las cuestiones abordadas en los densos ocho apartados en que se divide el texto, intentando desbrozar algunos núcleos dentro de la cantidad de situaciones descriptas, según el autor, analíticamente.

Síntesis.   
En la UE hay un nuevo cambio de régimen político consistente en un desequilibrio de poder entre el BCE, la Comisión Europea, el FMI, el Estado y la banca de Alemania y algunos Estados-Nación de la periferia sur: España, Portugal y España.
El primer sector representa los intereses de, o está integrado directamente por, los grandes grupos económicos, particularmente financieros, que ejercen una dominación política en perjuicio de las funciones clásicas del Estado-Nación y su soberanía, conservando sólo sus funciones represivas. Este desplazamiento significa un debilitamiento de la forma parlamentaria, esto es representativa, y del papel de los partidos políticos y las organizaciones sindicales. Con ello una pérdida del estatus social de los trabajadores y de los sectores medios, el desmantelamiento del llamado estado de bienestar o estado social.
El medio de presión sobre los gobiernos de los estados perjudicados es el manejo de los flujos de recursos económicos. Pero sería posible que los sectores dominantes apelen a otros medios tradicionales de dominación, de carácter violento: bonapartismo o fascismo.
Este proceso se da en medio de una ola de derechización ultra-reaccionaria de carácter ultra-nacionalista y xenófobo.
Esta derechización se basa en medios demagógicos y patrioteros y se nutre de sectores pauperizados, sectores medios urbanos y rurales y de trabajadores que fueron afines a la izquierda.

Antes de expresar mis comentarios, con la intención de abreviar y ordenar la lectura del texto de Jaen, para quien lo crea conveniente o necesario, lo resumiré en cuatro grandes cuestiones, sin respetar el orden de exposición del autor. Ésta abarca demasiados aspectos, muchos de los cuales, en mi opinión, merecerían una mayor profundización y actualización.

Resumen.
I.- Por dimensión europea el autor entiende la relación de los Estados-Nación, en particular España, Grecia y Portugal en relación con la Unión Europea, como un desplazamiento de equilibrios de poder. Desplazamiento del centro de gravedad desde las instituciones políticas nacionales hacia la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el gobierno y Estado alemán.    
Esto significaría un cambio cualitativo donde el Estado-Nación de los mencionados países de la periferia sur no pierde todas sus competencias. Conservan el ejército, la policía, el parlamento y el gobierno devaluados. Pero los cede paulatinamente a poderes supranacionales representados en la Troika, los poderosos grupos económicos y el Estado alemán. A costa del hundimiento social de las clases trabajadoras, un sector muy amplio de las clases medias  urbanas y la pequeña burguesía agraria e incluso de sectores medios de la burguesía.   
Esto significaría una modificación en el régimen, un nuevo cambio de régimen.

II.- Un nuevo cambio de régimen que se agregaría a dos señalados por Perry Anderson en un texto de 2012. Éstos fueron: a) Años 80, Thatcher-Reagan, liberalización de mercados financieros, privatización de industrias y servicios; b) Años 90, caída del Bloque Soviético, ampliación del liberalismo hacia ese espacio.
El nuevo cambio comenzaría el 1 de enero de 2000 con: a) la concreción de la Unión Monetaria del Euro, nuevos poderes y centros de decisión; b) la recesión mundial 2007/8, conversión deuda bancaria en deuda pública, políticas de ajuste, desmantelamiento Estado de Bienestar social.
El resultado es un retroceso: surgimiento de fenómenos reaccionarios, movimientos ultranacionalistas, a veces fascistas que empujan y presionan a los poderes públicos hacia la derecha. El capital financiero apuesta a viejas formas de dominación política, pero no se excluye la hipótesis de que las clases dominantes decidan apoyar fuerzas ultra-reaccionarias. La crisis económica ha roto viejas fórmulas de dominación política basadas en el consenso o contrato social que garantizaba servicios mínimos a la mayoría de la población europea. Por esa razón están entrando en crisis los viejos partidos y sindicatos.
A estos mismos parámetros respondería la situación del norte de África y el Golfo: una contrarrevolución violenta que ataca con métodos bárbaros y fascistas. Se trata del correlato del ultranacionalismo europeo o americano.

III.- Estas formas de dominación política nos ponen frente a la cuestión del Estado, sus regímenes y gobiernos. Acá el autor encara su determinación teórica e histórica considerando las tradiciones marxianas. Se trata de establecer que se entiende por régimen político.
Según Jaen los movimientos políticos procedentes los distintos marxismos establecen una diferencia entre la función del Estado y la de un régimen. Para muchos marxistas el Estado se definiría por las relaciones de clase y propiedad que existen en un país, por ejemplo feudal, capitalista o socialista. El régimen político, por el contrario, se definiría por las formas de dominación política por medio de las cuales una clase que tiene el poder del Estado ejercen a favor o en contra de otras, ya sean subalternas o en el seno de las élites dominantes. Las formas podrían así ser de pura dominación, de hegemonía o su combinación. Lo trascendente es que con esas formas se crean instituciones democráticas, basadas en el sufragio; antidemocráticas, basadas en la fuerza armadas, el partido único, la burocracia estatal. 
Lo que se define como régimen es la combinación de esas instituciones con las clases sociales y el punto o centro de gravedad donde reside la base real del poder en tal o cual Estado.
El autor menciona dos referencias teóricas: El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de 1851/52 y La lucha contra el fascismo en Alemania, artículos de los años 30. De allí surgen distintos tipos de regímenes políticos: el fascismo, el bonapartismo alemán, de frente popular. Formas que no son estáticas, ni normativas, ni compartimentos estancos. Al ser una forma política de dominación, un régimen es una superestructura cambiante, que se modifica según los acontecimientos de la realidad, tanto por revoluciones, contra-revoluciones u otros factores de menor profundidad social: se trataría de sujetos vivos en permanente construcción y deconstrucción.
No existen formas de dominación puras: un régimen bonapartista puede convivir perfectamente con instituciones de tipo fascista o al revés y un régimen parlamentario clásico puede hibridarse con formas bonapartistas o con formas de doble poder revolucionario. 
Lo sucedido en Grecia hace mucho más clara, según dice el autor, la hipótesis de cambio de régimen. Es el reflejo de la crisis en que están los regímenes de la democracia parlamentaria. Frente a el nuevo poder emergente de la Troika y el gobierno de Alemania. El gobierno de Syriza gana ampliamente el referéndum e inmediatamente decide capitular, restructurar el gobierno y convocar a nuevas elecciones.
El autor destaca dos cuestiones: a) Hay un cambio de mensaje; ya no es necesario sacar los tanques de la OTAN para acabar con la democracia y la soberanía de un pueblo, basta dejarlo sin fondos; b) Los verdaderos centros de poder y la decisión final está en manos de quienes verdaderamente lo detentan (centros financieros, Bundesbank y BCE).

IV.- Por último este cambio de régimen es concomitante con el fenómeno de una reacción bonapartista con el beneplácito de las grandes potencias occidentales, por un lado y, por otro, el ascenso de los partidos ultranacionalistas con base de apoyo popular. Que, para el caso de España sólo se trataría la apatía de las poblaciones, quizá merced a la existencia de Podemos que pudo evitar la creación de partidos de extrema derecha.
El ejemplo de bonapartismo clásico es Erdogán en Turquía. Éste se erige como juez y árbitro de las distintas fracciones y clanes del ejército y del aparato del Estado buscando acabar con cualquier posibilidad de revolución democrática y laica. Otros ejemplos serían Siria y Egipto.
Jaen cita a Astarita quien vincula la salida del Reino Unido de la UE a la peligrosa ola nacionalista de derecha en toda Europa incluyendo en ella el ascenso de Trump.
Los partidos de extrema derecha tienen como medios la demagogia y la retórica patriotera. Se nutre de grupos económicos muy depauperados, también de la clase obrera tradicional que antes votaba a la izquierda y las clases medias arrastradas por las crisis económicas. La diferencia con el fascismo clásico es que no tienen como enemigo principal a la clase obrera organizada política o sindicalmente sino a los inmigrantes, a los eurócratas de Bruselas, pero no está descartado que el capital financiero pueda usar esas opciones ultranacionalistas o directamente fascistas.
El caso del Brexit se vincula a esta ola ya que es un sector de la oligarquía tradicional tory que hace presión sobre el partido conservador con personajes como Farage, líder del UKIP (Partido de la Independencia) o Boris Johnson. El movimiento engloba sectores de la clase obrera que tradicionalmente votaban por el Partido Laborista y a sectores de la clase media en los distritos rurales.

Intercambio amistoso.

El texto pone sobre la mesa asuntos centrales del estado y el gobierno del mundo.
Estos asuntos se hallan estrechamente vinculados y entrecruzados. Pero abarcan muchos aspectos (determinaciones, diría Marx) que, aunque novedosos en su magnitud e impacto, parecen estar gestándose –según muchas opiniones, algunas de raíz marxiana- desde las décadas del 70 y 80 del siglo pasado.
El enfoque de Perry Anderson con el que abre su texto Jesús Jaen excede los límites de Europa. Claramente en el eje  Thatcher-Reagan y sus políticas que abarcaron todo el planeta. Esto autoriza a recordar otros fenómenos que se agregan a los allí señalados y que, probablemente, tengan incidencia en alguna de las cuestiones planteadas. Pero que, además, justifiquen el abandono o re-significación de algunos análisis políticos originados en la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

Así, por ejemplo, a los fenómenos señalados por P. Anderson podrían agregarse, al menos, tres que no parecen menores: a) la revolución en las formas productivas con la robótica, las tecnologías de la información y comunicación y la biotecnología ; b) las nuevas formas de apropiación del trabajo ajeno –no desvinculadas de esa revolución científico-técnica- a través del crédito, es decir el endeudamiento (lo que algunos llaman economía de la deuda) y, c) la emergencia de China.
A esto último no ha sido ajena Europa, como lo recuerda Jaen, con la transformación de las deudas bancarias en deudas soberanas, con las consecuencias conocidas y las subsiguientes políticas de austeridad y los consiguientes perjuicios para las clases populares.
Esta economía de la deuda no se reduce tampoco a la deuda pública. Los “beneficios” temporales de la unión monetaria contribuyeron a expandir la llamada ingeniería financiera y con ella la especulación. Los resultados se vieron claros, en particular en España con la especulación inmobiliaria, generando propietarios de papel que quedaron en el desahusio. Es probable que muchos movimientos de protesta hayan tenido origen en la frustración del consumo derivada de las crisis de la especulación financiera. Lo es también, me parece, que este factor no sea ajeno tanto a la apatía abstencionista como a la deriva de derechización del sufragio: los anhelos más parecen ser del retorno al consumismo generador de deuda (de propietarios-deudores) que de cambio social. En esto creo que han tenido que ver las políticas socialdemócratas de adecuación. De ocultamiento de una pobreza decorada de artilugios de última tecnología.

Los nuevos fenómenos no son inocuos. El primero que señalé, junto con la financierización (forma y resultado de la ingeniería de la deuda) ha expandido globalmente las grandes cadenas de valor y el intercambio inter-empresario, con las deslocalizaciones de la producción. Ello, más la emergencia china incorporando un mercado no sólo de consumo, sino de productores de bajo costo, no es ajeno al deterioro no solamente de la fuerza laboral, sino al propio papel de los Estado-Nación. Las grandes cadenas globales superan todas las fronteras. Y el debilitamiento de la soberanía de los Estados, de las tomas de decisión, ha quedado subordinada a los grandes grupos económicos mucho más que a los sistemas políticos fundados en la soberanía popular. Con lo cual la función de los parlamentos se ha hecho bastante inútil y, junto con ellos, el papel de los partidos políticos y la representación. Esto ya originó mucha discusión desde la década del 80. De allí la a-legalidad casi permanente. Es decir, el presunto contrato social, que nunca pasó de ser una ficción, ha quedado sepultado por el estado de excepción. Y su forma concreta manifestada en la derechización más burda.
Quizá sea preciso recordar que no se trata sólo de la troika y el Estado Alemán. El BCE maneja las tasas de interés que permiten a los fondos “a la sombra” de los bancos deriven dinero barato a la especulación. La recesión no es un mal divino, es en gran parte obra de esas políticas. No parece casual que Mario Draghi fuera vicepresidente de Goldman Sachs International, la que asesoró a Karamalis para ocultar el fraude que permitió endeudar a Grecia llevándola a la crisis. Bruselas también es un apéndice del capital financiero. Pero quizá más que presión sobre los gobiernos lo que hay es una connivencia entre éstos y Bruselas. Tenemos experiencia por acá de las “resistencias” de los gobiernos “anti-neoliberales” que pagaron religiosamente todas las deudas,  y Varoufakis, en su gestión, no fue a Londres precisamente a resistir.

Esa derechización es más que bonapartismo y fascismo, me parece. No sólo, como señala Traverso, con guerras cínicamente en nombre de los derechos humanos, sino con medios bélicos atroces. Y quizá valga la pena recordar que el mandato norteamericano de la guerra de Irak fue aceptado por los países periféricos recién atados al Euro (hasta Portugal mandó tropas de policía) y no lo fue por Alemania y Francia. Fue la mayor crisis de la OTAN. El desequilibrio de poder no parece nuevo. Y los nuevos regímenes políticos no suelen fácilmente conceptualizables, porque parecen responder a otros nuevos procesos, no sólo económicos. La “ola” derechista tampoco es un castigo divino, viene por “arriba” y por “abajo”. Parece ser esa la razón por la que Traverso opta prudentemente, en su método comparativo, por el término (provisorio) de post-fascismo. Precisamente para evitar similitudes teórica y prácticamente riesgosas. Como quizá sea la establecida entre la situación histórica del Chile de Salvador Allende con el gobierno de Siryza. Ser la periferia de Europa parece ser algo muy distinto de los intentos antimperialistas del siglo pasado en América Latina, en la forma y en el fondo.
Anteriores y lejanos de los fenómenos señalados por Anderson. No es necesario abundar en esto. Simplificando, el Muro estaba en pié, sólo hacía un año que Nixon había abandonado la convertibilidad del dólar, el toyotismo no había llegado a EE. UU, recién se establecía el mercado de monedas en Chicago, no existían las PC personales, Internet estaba en pañales.

Otros fenómenos campean también hoy en el campo político. La desigualdad y la gobernabilidad. Probablemente vinculados a esta derechización. Para los sectores dominantes el mayor problema de gobernabilidad es la desigualdad. Así fue planteado en todos los últimos foros globales G-20, la OCDE y en los organismos de las Naciones Unidas, el PNUD, la FAO. Es el miedo a la ingobernabilidad.
El miedo nutre la derechización del poder, la “ola”. Y la desigualdad también nutre la derechización de muchos sectores de la población. El mayor asiento de Trump son los blancos empobrecidos. Es que la desigualdad encubre el presupuesto de la dominación, la pobreza. Que en algunas regiones ha bajado considerablemente (América Latina, China) en términos relativos, y, al mismo tiempo la desigualdad se extrema en términos absolutos.
Cuestión de medición. El blanco pobre de las zonas de la Norteamérica “profunda” posee automóvil, televisión, teléfono móvil y trabajo precario, de baja calidad y mal pago. Le interesa poco la política, manifiesta hastío, por ello habitualmente no vota, quiere el muro para los inmigrantes y, según parece, votará a Trump. Vive precariamente en viviendas de zonas marginales y, muchos son socialmente marginales. Campea allí la pobreza cultural. Desinformación, competitividad, “entretenimiento”. La pobreza es un fenómeno múltiple, no se mide sólo en bienes y servicios, es también cultural y moral. Es exclusión. La promovida por grandes cambios tecnológicos que, como ha sucedido tantas veces, deja el tendal de los “inservibles”.  Cuando estos cambios no atienden a más necesidad que la de la acumulación, cuyo signo hoy es financiero. Y es exclusión política, cuando la función de los Estados-Nación queda reducida a gestionar las deudas. Quizá por eso los “enemigos” hayan cambiado y los Estados sólo conserven las funciones represivas.
El entretenimiento, el branding, el marketing, entre otras,  son nuevas formas de control y disciplinamiento. 
Por lo demás, en esta ceñida función del Estado, la clase política tradicional, terminó vaciando el sistema representativo hasta de su valor simbólico, agotó su misma forma, la máscara. Cuando sus miembros, los gestores, cambiaron los programas por su imagen, la exposición de sus atributos como tales. El propio régimen político se empobrece abriéndose a otra desigualdad: la posibilidad de acceder a los medios. La pobreza política. Queda reducida al régimen electoral. La apatía política no es una enfermedad.
           
Resistir los programas de austeridad es un acto de defensa propia, necesario. Resistir toda opresión es obligatorio. Pero quizá, a las preocupaciones e interrogantes de Jaen, haya que agregar algunas de las cuestiones que se consideran en este intercambio. Que no pretenden ser exhaustivas, por supuesto.
Para plantearnos al menos la probabilidad de otro horizonte y de nuevas fuerzas emergentes creo que hoy se impone la necesidad de una mirada global y actual.
Y, diría, audaz. Ahora sí no hay mucho que perder. Quizá deberíamos pensar en remontar la derrota ideológica.
Vamos camino a la barbarie, estamos viviendo la barbarie. Me parece que la gravedad del asunto va más allá de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP) y el Plan B para la unidad europea.




Edgardo Logiudice
Agosto 2016

  

viernes, 8 de julio de 2016

Los Testigos de Carta Abierta. La aporía de Primo Levi y las puertitas del Señor López.

"Estoy en paz conmigo mismo porque he testimoniado". Primo Levi.
“Quién asume la carga de testimoniar sabe que tiene que dar testimonio de la imposibilidad de testimoniar”. Agamben.

Es lo que Agamben llama la aporía de Levi.

El grupo de Carta Abierta, en el que hay filósofos,  ha decidido Dar testimonio. De su fidelidad al que fue el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner, de su repudio al nuevo gobierno y de excepcionalidad de algunos actos de presunta corrupción.

Como otros grupos o personajes suman a la operación Despegar.
Es su derecho y es también un deber para los muchos honestos adherentes a tantas expresiones declarativas de lo que llamamos kirchnerismo. 
Es un derecho y un deber evitar la confusión cuando la campaña de sospecha de corrupción alcanza a cualquier simple simpatizante de aquéllas.
Es un derecho y un deber repudiar las políticas expresadas e implementadas por lo que denominamos macrismo.

La campaña desatada tiende a ocultar tanto las crueles intenciones como los negocios sucios de muchos de los nuevos gobernantes. Pero el manto de corrupción sobre el proceso K también oculta la realidad, la naturaleza -por decirlo así- del mismo. Y la discusión sobre la excepcionalidad o generalidad del Señor López, es un artificio útil para ambas distracciones.

Carta Abierta parece haber abierto una de las puertitas del Señor López no tanto para negar la cruda realidad del macrismo como para fantasear sobre la imagen del kirchnerismo que ayudó a generar. Del proceso difícil de testimoniar. 

Hay razones hasta para dudar del “vergonzoso caso López”.
Como se sabe la Virgen de Fátima, a la que está consagrado el convento lapidado, se originó en una de las tantas apariciones de María. Lo de José López puede haber aparecido, a las monjitas de claustro, como un milagro. Las contemplativas, fuera del mundo secular, imaginaron la multiplicación de los bolsos. Como obra de la Providencia: “Creyendo que eran bolsos de comestible, le dije «déjelos en la cocina», dijo Sor Inés”.
Podrían dar testimonio del milagro. El Episcopado no cree en él, prefiere despegar.
Milagro no fue, vaya a saber qué mano de servicio armó la escena de la historieta. De la inteligencia servicial que no fue desmantelada.
O, el señor López, desvelado decidió, a maitines, hacer limosna para ganar algunas indulgencias en el Jubileo de la Misericordia.
Lo cierto es que, como dice el testimonio de Carta, “la fuerte evidencia visual obligó al kirchnerismo a escribir cartas de repudio y a preguntarse sobre los alcances de la pegajosa palabra en juego: corrupción”. Pero “López está muy lejos de ser el arquetipo del kirchnerismo, ni tampoco su campanazo lúgubre y definitivo”.
Filosóficamente “El vituperable caso de López y todos los que se les parezcan, son graves ante los ojos del presente - dice el testimonio- pero si la historia común mueve sus motores hacia la justicia y la renovación de las instituciones, será un asterisco doloroso que servirá de advertencia para todos los movimientos sociales y democráticos”.

Demasiadas palabras para relativizar un acto, o más de uno -por las dudas -, sosteniendo que la pegajosa palabra de hoy será un asterisco del mañana.

No son necesarias, porque la verdad es que los bolsos revoleados no son más que chirolas. Calderilla de una gran defraudación, un vuelto por la vía libre a los grandes negocios de verdad, de la que la corrupción no es más que un lubricante. Las llaves de San Pedro abren las puertas del cielo, dicen, pero hay que engrasarlas. Las llaves de San Pedro fueron el pago de la deuda, cuyo último acto quedó preparado desde la re-estructuración. Que Carta insiste en mostrar como desendeudamiento y acto de soberanía.
Pese a tantas frustraciones todavía se puede entender aquella estrategia de pelear desde adentro. Pero, a veces, no hace falta más que leer y escribir para darse por enterado de algunas cosas. Pichetto fue Presidente del bloque de Senadores del FPV durante todo el período K. Fue muy claro respecto al pago a los buitres: “Hay que leer sus discursos [los de Néstor] de 2005 o cuando le pagó al FMI en 2006”. “Néstor pagaría, el desendeudamiento fue su meta desde el primer día. Además también pagamos al Club de París, a YPF, al Ciadi, a todo el mundo, este ciclo hay que completarlo, no entiendo como no se pone todo eso en defensa del gobierno anterior”. Y se completó.

Carta nació a la luz de la 125. Lo de López son centavos al lado de los Grobo con la soja financiera de Monsanto a quienes el kirchnerismo  abrió las puertas del cielo en el que ahora son recibidos.  Todo preparadito. En 2007, plena expansión de los commodities, los Grobo se asocian al Grupo de Inversiones brasileño PCP para financiar planes de crecimiento. En 2013, cuando había pasado el boom  sojero Gustavo Grobocopatel se reúne con Cristina para anunciar juntos  que se dedicará a los agroquímicos. En 2014 dijo en Córdoba “necesitamos 20 Monsantos”.  La sociedad controlante de Los Grobo Agropecuaria es la financiera de inversión Grupo Los Grobo.
Este año, con Macri anuncian juntos el debut de los Grobo en las APPs.  Frontex, una Asociación Público Privada, que es el lugar donde van ahora a refugiarse los grandes grupos de inversión para remediar su hiperliquidez y volatilidad después de la caída de las materias primas. Inversión extranjera directa en infraestructuras con membrete estatal: apropiación capitalista de lo público. Antecedidas por Chevron-YPF. 

Calderilla lo de López. Al lado del negocio de los bancos, y a su sombra, al lado del subsidio al capitalismo prebendario al que ni siquiera se le exigió la mínima inversión y se le garantizaron sus ganancias. A lado de los negocios bursátiles desgravados, parte de una política fiscal regresiva que castiga con el IVA a las clases populares.
De estos grandes negocios no se quiere despegar nadie. Nadie quiere testimoniar. Gustavo Grobocopatel no anda revoleando verdes de noche. Hizo el dinero con la tierra de los agricultores. Fue distinguido con la mención de honor por el Senado de la Nación durante el gobierno de Néstor Kirchner.
No se puede negar que hay una revolución tecnológica en la agricultura, pero sembrar (literalmente) enfermedades, degradar la tierra que es patrimonio humano,  llenar de malezas las praderas, agotar los recursos hídricos, en aras de un buen negocio, no puede ser, me parece, ocultado por intelectuales. Que, además ahora acuden a la clase obrera y a la unidad frentista. ¿Con Moyano? ¿Con Gioja?

Despegar, en el contexto de Carta Abierta, quiere decir aceptar como bueno todo eso.
Y aceptarlo con el aire místico, casi mesiánico, del testimonio. Tan serio como el que se pueden dar de las apariciones de los ángeles. Gratuitas complicidades que no alcanzan a ser justificadas por la barbarie macrista. Sofisma que espeja el de los tecnócratas marketineros. Pretendidamente oculto por una proclamada “autocrítica madura” cuyo contenido también es un misterio no revelado.

La apología en ausencia de objeto ha devenido como el culto al Santo Prepucio una vez desaparecida la reliquia.
Cabe preguntarse si es desde ese lugar de la falsa memoria desde donde se podrá enfrentar la barbarie cavernícola que acompaña las nuevas estrategias de dominación.
La Santa Alianza Público Privada que hace innecesaria la mediación política y la retórica vacía de bibliotecarios y filosóficos estrategas del pensamiento nacional.
Y me temo que no. Que no habrá luchas si estas no son escoltadas de pensamiento crítico. De crítica al poder, a los poderes.

Al menos después de los estudios de Giorgio Agamben sobre Primo Levi los filósofos, que en Carta los hay, deberían saber de las dificultades del testimonio. Son testigos los sobrevivientes a un hecho o a un proceso. Hay quienes sobreviven sólo para dar testimonio, pero no lo pueden dar precisamente porque sobrevivieron: no llegaron al final de la experiencia. Porque el proceso no lo pudieron completar. Fue dicho: este ciclo hay que completarlo.
Y los que cumplieron su ciclo son testimonio de que no pueden testimoniar. Demasiada carga para tan poca cosa. El testimonio crítico no tiene atajos, ni puertitas del Señor López.



Edgardo Logiudice

Julio 2016

sábado, 11 de junio de 2016

Conjetura sobre un contexto del nuevo gobierno en una nueva estrategia del capital financiero: inversiones en infraestructuras en asociación pública-privada.

Es al menos llamativo que nada menos que Clarín, que bogó por el rápido pago a los fondos buitres, publicara el 17 de mayo de este año en la sección Opinión, página impar, un artículo del economista Rubén Lo Vuolo, en su momento asesor de Carrió y últimamente de Stolbizer, con una furibunda crítica al capital financiero. Y, el mismo día, en Página 12,  lo hiciera con otro de Mónica Peral Ramos, en su momento elogiada por Cristina Fernández,  en el que sostiene que el “talón de Aquiles de Macri” es el endeudamiento que atenta contra las inversiones en infraestructuras que son las que generarían el desarrollo que genera empleo. 

Cabría tomar nota ahora del anuncio de Prat Gay de la presentación próxima de un proyecto de asociación pública privada para inversiones y la propuesta del Presidente de la Comisión de Valores del funcionamiento de éste como un ente autónomo.

En diciembre de 2014 la sección Noticias de la página del Banco Mundial publicó una nota sobre los proyectos público-privados en infraestructura. Dice allí que las APP están de moda en América Latina. Cita la opinión del gerente para A.L. de la unidad de APPs de la Corporación Financiera Internacional, órgano del B.M. enfocado al sector privado.
América Latina se enfrenta a una desaceleración económica después de una década de bonanza […]. La situación ahora es cómo prepararse cuando hay que desarrollar grandes autopistas, acueductos o centrales eléctricas para cubrir la mayor demanda de servicios de los latinoamericanos”. Sostiene aumentó la relevancia de la inversión de los fondos en energía, transporte, telecomunicaciones y agua y saneamiento. “Según los expertos, las dos grandes ventajas de las APP son, primero movilizar financiamiento privado para que los gobiernos no tengan que recurrir a sus recursos, a veces escasos sobre todo en épocas de turbulencias económicas; y segundo, contar con el conocimiento y el manejo gerencial y técnico del sector privado en proyectos que antes eran gestionados por el sector público”.

Desde que Kofi Annan, siendo Secretario General de la UN, en 1999 dio luz verde anunciando en el Foro de Davos (el encuentro de los mayores empresarios del mundo) la creación del Pacto Global, la injerencia de los grandes grupos económicos en las decisiones de los organismos intergubernamentales quedó oficializada, es decir legitimada. No sólo con su participación en el Pacto sino, luego, con la creación del Grupo de Alto Nivel  de Personas Eminentes, entre ellas “250 directores ejecutivos de grandes corporaciones que compartieron sus valiosas ideas y puntos de vista durante una serie de consultas” para elaborar la Agenda de Desarrollo Post-2015. Éste Grupo decía ya: “Las grandes empresas tienen dinero y experiencia para crear las infraestructuras que permitan a todas las personas conectarse a la economía moderna […] Se apoya un aumento de flujos financieros mejor dirigidos en el sector privado; de apoyan los centros de asociación público-privado en el seno de los distintos países; se fomenta la inversión extranjera directa en los países en desarrollo…” “La fuente de financiación a largo plazo más importante será el capital privado, proveniente de los grande fondos de pensiones, fondos de inversión…”. Clarito.

El año pasado la UN aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Contó también con la participación del Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes.  En consonancia la CEPAL, el mes pasado elaboró un Informe para nuestro continente, Horizonte 2030. Se trata de una fuerte crítica a la financierización. 
“La creciente desigualdad, la presión del ajuste externo sobre las economías más débiles y la caída de la inversión junto con la multiplicación de los activos financieros conforman un cuadro de incertidumbre y baja demanda agregada […]. Superar este escenario exige la construcción de bienes públicos para la estabilidad y el pleno empleo a nivel global […] y una nueva arquitectura financiera que reduzca la incertidumbre y la volatilidad generada por el apalancamiento excesivo y los movimientos especulativos de capital”. “La mayor presencia e intervención del sector financiero en distintos ámbitos de la actividad económica ha complicado la relación entre la actividad real y la financiera. […] la esfera de lo financiero tiende a primar sobre la esfera de lo real. Esto forma parte de un proceso de financiarización, definido como la creciente importancia de los mercados financieros, las instituciones financieras y las élites financieras en el funcionamiento de las economías y sus instituciones de gobernanza, a nivel nacional e internacional”.
Plantea que es urgente crear una nueva arquitectura financiera que cierre la brecha entre la liquidez y extrema volatilidad y la productividad. “La inversión en infraestructura favorece el cambio estructural progresivo orientando hacia la reducción de las diferencias de productividad entre sectores y empresas de un país, al tiempo que se fortalecen los vínculos con el exterior y se aprovechan las oportunidades que ofrece la economía global.[…]. Finalmente “La trayectoria que proponemos tiene como condición clave la participación conjunta de los actores públicos y privados para incentivar la acción colectiva en favor de un nuevo estilo de  desarrollo con aumentos sostenidos de la productividad y la competitividad. También resulta indispensable ampliar el margen de maniobra de los Estados de modo que puedan construir una plataforma de políticas de largo plazo más allá de los ciclos electorales”.


Hay  consenso entre los economistas, analistas económicos, agencias y asesorías de negocios y finanzas, consultores financieros, los propios  representantes de los grandes bancos, fondos y empresas, los organismos multilaterales de crédito  y, ahora las instituciones intergubernamentales,  en señalar la presencia de lo que llaman hiper-
Liquidez, volatilidad  y el consiguiente riesgo. Hay consenso también en señalar una “saturación” de las deudas. Sea de las deudas soberanas como las de los endeudamientos de hogares generado por el consumo. La llamada ingeniería financiera, fundada en titularización de futuros y derivados ha generado una distancia ingobernable entre el capital financiero y el productivo; se calcula que la relación sistema financiero/ PBI global es de 25 a 1. De modo que esto alerta a los actores económicos y políticos sobre el alto riesgo, por un lado de incobrabilidad de los créditos y por otro de la ingobernabilidad no sólo de los mecanismos económicos, sino políticos. Riesgos que, como ya lo indica la práctica, hacen difícil nuevos “salvatajes” y “re-estructuraciones”.  En el caso de los países emergentes se señala el impacto de la caída de los precios de los productos primarios. En un marco global de caída o estancamiento de la producción, llamada recesión, con el consiguiente aumento  del desempleo y la caída de la demanda, es decir el consumo, principal generador de deuda.
En suma, para el capital financiero un panorama de alto riesgo y de baja tasa de rentabilidad (se calcula no más del 1%). Frente a esto, en medio de una gigantesca transformación en el modo de producir y la intangibilidad y volatilidad de grandes activos, los fondos financieros buscan y reclaman inversiones en activos “materiales” que las respalden. Porque una cosa es la deuda y otra la garantía. Reclaman proyectos en las infraestructuras generadas por los cambios. Obras en infraestructuras que, por su carácter de base genérica, es decir pública, debe ser encarada o proyectada por los Estados. Los grandes inversores y sus agentes se quejan de la falta de esos proyectos. Buscan refugios menos riesgosos: infraestructuras aseguradas por los Estados.

Infraestructura es energía, agua, comunicaciones, transporte, tecnología. La propuesta es que la intervención estatal no obstaculice la ejecución. Para ello debe limitarse su papel regulador. La propuesta es que se trate de organismos “autónomos”.  Se proponen además distintos tipos de arbitrios que operen como fondos de garantías tanto del capital de las inversiones como de la rentabilidad, particularmente a través de fondos de garantías. El papel del Estado es así el de garante sin meter las narices.

Cabría referirnos por inciso a un par de cuestiones:
a)       advertir que la distinción del sector financiero del capital es solamente analítica. Vale decir, por capitalismo entiendo un complejo de relaciones sociales que conforma una unidad orgánica en la que distinguimos al menos el capital mercantil, el industrial y el financiero. La actual hegemonía del sector financiero pone de relieve la distinción ya que este sector ha generado mecanismos endógenos de acumulación. Es lo que se ha llamado economía de crédito o de la deuda como forma de apropiación del trabajo ajeno, coexistente pero subordinando y re-funcionalizando  las formas mercantil y salarial.
b)      referirnos a este neologismo, sobre el que parece no hay aun acuerdo, financierización o financiarización. No se trata ya sólo del control de los flujos de capitales orientados a futuros y derivados especulativos autonomizados de la “economía real”. Ha sido señalada ya la derivación de resultados de las actividades de las grandes cadenas de valor hacia el sector financiero en la forma de bancos o fondos de inversión. Es decir de fondos que no son “productos financieros” generados en la “ingeniería financiera” de titularización, futuros y derivados, sino originados en la acumulación capitalista productiva no reinvertidos en ella. Cargill, muy conocido por nosotros en la actividad agrícola, es un caso emblemático con su  Black River Asset Management. De modo que las grandes corporaciones que “comparten sus ideas para el desarrollo” no están desvinculadas de la financierización de la economía que, como vemos, aparece seriamente cuestionada.
Quizá tardía e interesadamente cuestionada.

Todo esto comprende muchos otros asuntos y aspectos. Entre otros no menores, la repercusión social. El empleo, cantidad, calidad, las políticas de contención, de control.
Es difícil, dado lo heterogéneo y rejuntado de las nuevas alianzas políticas, la puja de distintos intereses que ya se manifiestan, el rumbo de la situación económica y geopolítica global, arriesgar algún pronóstico. Pero es un camino probable.
Razón suficiente para prestarle atención, investigar más seriamente el tema y, sobre todo, cuáles y como pueden arbitrarse medios de resistencia acordes. Para que las respuestas no sean tardías.   

Edgardo
Junio 2016



lunes, 23 de mayo de 2016

Hambre cero, inversiones. ¿Y ahora qué?

El discurso del nuevo gobierno que parece dominante, en su “apertura al mundo”, consiste en hacer hincapié en las inversiones apuntando a infraestructuras, sin dejar de mantener solapados los préstamos financieros, hasta con alguna alerta sobre los “capitales puramente especulativos o golondrinas”. Las inversiones, se dice, generarán empleos y, con ellos se lograría el Hambre Cero.

El planteo discursivo se acerca a la Agenda 2030 para Desarrollo Sostenible del Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD. Los buenos deseos expresados en la Agenda son, entre otros, “Poner fin a la pobreza”, “Hambre cero”, “Reducir inequidades”, es decir la desigualdad. Giran sobre la estrategia de las Inversiones en Infraestructuras.

La última reunión del Foro Económico Mundial (Davos) no tomó nota del hambre, la pobreza y la desigualdad. No tomó nota de los 795 millones de personas que sufren desnutrición. Veinte veces la población de nuestro país, más de dos veces la población de USA. Tampoco de los más de 800 millones que viven con menos de U$S 1,25 diarios (20 pesos de los nuestros) que carecen de alimentos, agua potable y saneamiento adecuado.
Tomó nota sí de las inversiones en infraestructuras frente a la Cuarta Revolución Industrial, exigiendo de los gobiernos condiciones de seguridad y permanencia de rentabilidad.

En Davos no se tomó nota  “que el 10% más rico de la población se queda hasta con el 40% del ingreso mundial total. A su vez, el 10% más pobre obtiene solo entre el 2% y 7% del ingreso total. En los países en desarrollo, la desigualdad ha aumentado en 11%”.
Tampoco de que “Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2015 hay más de 204 millones de personas desempleadas”. Cinco veces la población argentina, casi dos tercios de la estadounidense.
Por el contrario el Estado Mayor Global del “10% más rico” anunció para el 2020 la destrucción de 7 millones de empleos en las 17 principales economías del mundo que representan un 65% de la fuerza laboral. Es decir diez años antes del cumplimiento de las metas de la Agenda a los 204 millones contabilizados por la OIT habrá que agregarle 7 millones más. Vale decir, más pobreza, hambre y desigualdad. Los “buenos deseos” del PDUN no coinciden con el realismo del Foro Davos.       

A este último fue a buscar inversiones el Ingeniero Civil por la UCA a cargo de la Presidencia de la Nación. Como letra para abrirnos al mundo suena mejor la del Desarrollo Sostenible: inversiones directas en infraestructuras para creación de empleos y, si todos trabajan, menos pobreza y hambre cero.

Todo parece señalar que la tendencia de los capitales hacia las inversiones en infraestructuras está impulsada por la volatilidad e incertidumbre de los fondos de inversión en los préstamos a interés: peligro de que estallen las burbujas basadas en futuros y derivados, la ingeniería financiera.
Pero ello no está desvinculado a dos fenómenos distintos pero entrecruzados. Por un lado la existencia efectiva de la revolución técnica, lo que llaman Cuarta Revolución Industrial. Esta excede la revolución en las manufacturas con la robotización, abarca toda la agroindustria, el transporte, las comunicaciones, el comercio. Por otro lado, la llamada financiarización de las grandes cadenas de valor global.

De allí, por un lado aparece naturalmente la cuestión del trabajo, el empleo, como lo señala el Informe de Davos al que me referí. Pero, por otro la financiarización, que actúa como un paradigma iluminando todas las relaciones sociales, parece terminar cualquier conexión racional entre la producción y el consumo. Y ambos aspectos se conectan con la demanda, tanto su orientación como sus propios límites.
El proceso de generar consumo para el endeudamiento  dio lugar, al menos en gran parte de América Latina, a un descenso de la pobreza en términos relativos de bienes (generando una nueva clase cuasi-media, endeudada pero media), concomitante con un aumento de la desigualdad. Ello no estuvo (no está) desvinculado con la fuerte demanda de materias primas que dio (que da) lugar al negocio financiero de los commodities como futuros.
La caída de sus precios, cuyas causas no es necesario recordar acá, es lo que redirige los flujos de capital financiero hacia sectores menos riesgosos o más rentables.

Pero ello no significa necesariamente mayor empleo. El realismo del Foro Económico Mundial parece confirmarlo. Y, según los mismos términos de su estrategia, si no hay mayor empleo, no hay mayor demanda.
El Nobel Stiglitz constata que los empleos industriales caen en todo el mundo: “El empleo global en el sector industrial está bajando porque los incrementos en productividad exceden a los incrementos en la demanda”. Eduardo Porter, en el New York Times, señala la observación del economista Dani Rodrik: En los países pobres los trabajadores quizá tengan que reducir sus aspiraciones al desarrollo.

Falta de demanda es falta de consumo. Las nuevas clases medias pueden dejar de serlo para formar parte de la pobreza y la desigualdad. Por otro lado, el la redirección capitaneada por el capital financiero, ahora como parte hegemónica de las cadenas de valor, entre ellas las de alimentación, no necesariamente garantiza la satisfacción de necesidades básicas: las infraestructuras no alimentan más que ganancias. La Cuarta Revolución Industrial no garantiza mejor vida. Ni el transporte, ni el riego, ni la energía limpia ni tecnología de la información y las comunicaciones, dirigidas hacia la rentabilidad significan desarrollo humano sostenible.
Véase. Los biocombustibles son una de las vías promovidas para bajar la contaminación.

Ello significa ganancias por bonos de carbono que cotizan en Bolsa y fungen como productos financieros especulativos.
En el Foro de Davos declaró Antoine Frérot:"Claramente, va a ser el debate de los dos próximos años (...) Es importante que salga una solución para aplicar un sistema de precios del carbono".
Según un estudio del INTA (2011) una tonelada de maíz transgénico cotizaba a $ 650, pero con una tonelada de maíz se logra una cantidad de etanol cuyo valor es de $ 1.780. Hacer bioetanol está claro es ganar a dos puntas. Conviene más que hacer polenta y hasta más que hacer balanceados para criar pollos y chanchos.
Louis Dreyfus, Cargill, Noble, son algunas de las grandes cadenas globales de valor que juegan tanto a los commodities como a los biocombustibles. Con la caída de los precios de algunos granos como futuros ahora juegan al biodiesel. Y a los bonos de carbono monetizados como futuros.
Según un trabajo realizado por el Observatorio de la Deuda Social, de la Universidad Católica Argentina, 2 de cada 10 chicos del país no acceden a una alimentación en cantidad y calidad adecuadas. De esa proporción, la mitad padece “inseguridad alimentaria severa”, que significa que sufren hambre por causas económicas.
Las milagrosas inversiones poco tienen que ver con futuro empleo, soberanía alimentaria y el cambio climático.
Inversiones en infraestructuras ¿Hambre cero?



Edgardo Logiudice
Mayo 2016