jueves, 17 de diciembre de 2015

La representación de los CEOs y la intelectualidad orgánica.

La política es el trabajo de dirigentes modernos que trabajan en equipo.
Ing° Makri, 10/12/15



La presencia de conocidos ejecutivos de empresa en el nuevo gabinete ha generado algunas consideraciones sobre las que quizá sea útil reflexionar.
El asunto tiene apariencia, y así es utilizado como argumento, de un quiebre radical de la orientación de políticas desde el estatismo al mercado.
Algunos títulos han estampado la frase "negocio atendido por sus dueños"  queriendo señalar con ello la falta de mediación en la dominación o, de otra manera, de la supresión de la representación.
Atendiendo a que algunos de ellos no registran algún paso por la política su presencia se atribuye a un logro de renovación política propiciada por el proceso kirchnerista.

Convendría quizá ubicar estas apreciaciones dentro de un proceso.
Quienes asumen lo hacen con un nuevo discurso. El Desarrollismo del Siglo XXI. Sin más apelación al pasado que una pinceladita tenue de Arturo Frondizi.
El Desarrollo con el que se combate la pobreza a través del crecimiento.
El crecimiento está condicionado a la integración global a través de las exportaciones y las inversiones.
El desarrollismo de hoy no es la industrialización ni la sustitución -dicen- sino la inserción en las cadenas globales de valor. El Frigerio actual es para el Interior. Para la producción un financiero del holding Grupo Roberts, y luego en el Grupo HSBC, de La Buenos Aires Seguros, de Docthos y del sector minorista del Banco.

La ex presidente de la nación fue clara: "les dejamos un país normal". El camino preparado.
Efectivamente, fuera de algunos vaivenes de la contradicción con el discurso del neodesarrollismo keynesiano y de las apelaciones al Tío y a Gelbart, el camino ha quedado preparado para el nuevo discurso. Con la apariencia de un quiebre radical.
Los ejecutivos tienen a su disposición las leyes de Cavallo para negociar las deudas sin la intervención superabundante del congreso; la libre disposición de los fondos de seguridad social tan privados como los de las AFJP, pues ya están en manos de sus acreedores en forma de bonos; el manejo de las retenciones a las exportaciones y la vigencia de un régimen fiscal absolutamente regresivo. Para no abundar, el mecanismo de los decretos de necesidad y urgencia. Y, además y por las dudas, disponen de una ley antiterrorista. Ejecutar.

El camino quedó preparado por los representantes que no representan cuando, sincerando su falsa representación, la delegaron formalmente en los gestores.
"Normalizando" el país, es decir, restaurando el Orden, después de contenida la rebelión y la participación, la llamada crisis de representación, se encausó deliberadamente por el lado de la gestión ejecutiva. No es para asombrarse que los verdaderos ejecutivos tomen el relevo.
Más se parece esto a un cambio por una plantilla más adecuada. Adecuada a las formas políticas no estatales que se valen de los aparatos del Estado en su actual función de gestores de deudas financieras, llamadas inversiones. Camino también preparado para las nuevas formas de las deudas, después de haber pagado, como pagadores seriales, a los organismos multilaterales de crédito superados ahora por los fondos privados no regulados.
Por eso Makri y sus patrones puede asimilar muchas más cosas de las que algunos entusiastas predecían. Finalizado el partido para la tribuna viene el tercer tiempo digiriendo los agravios con algunas cervezas compartidas en la cantina del Ministerio o el Congreso.
Ya hay varios que amarillearon. Y hay muchos pases en blanco.
La tentación sería afirmar que el makrismo es la etapa superior del kirchnerismo, si eso no ofendiera a nadie.
Y si esta nueva forma no respondiera a la inserción desembozada ahora en las cadenas de valor financiarizadas, con nuevas formas de inversión. Con el orden restaurado y muchos jóvenes agradeciendo la gracia recibida, que a eso se ha dado en llamar "empoderamiento". Sin necesidad de legitimarse más que en la presunta eficacia de los equipos de gestores reclutados en el CIPPEC. Para la inserción global", dicen.


La representación moderna parece originarse asociada a las quejas.
Quejas eran las de los Cahiers de doléances previos a la Revolución Francesa y quejas las de la Representación de los hacendados, previa a la de Mayo.
La representación electoral se ha despojado de la queja. Es una representación que no pone en acto, no actualiza, ninguna otra presencia más que la del propio representante.
De la re-presentación queda el nombre que la representa.
Con el arribo de los CEOs ya no parece necesario representar que se representa.
Jugando con Hegel, diría Marx que el proceso ha hallado su forma adecuada.
El curso electoral culminó en los fuegos de artificio de las exequias de la representación, más que como tragedia, como torneo de bufonadas sin gracia. Grotesco entre soberbia y cobardía. En la pelea por el ritual queda al desnudo eso, el rito de la representación electoral.

En la época de los decretos de necesidad y urgencia, del estado de excepción, la ejecución no requiere normas. La norma es la de la fuerza de la ley económica de la expectativa de la ganancia. De la acumulación como prosperidad. Del desarrollo y el crecimiento. La única legitimidad necesaria entonces es la de la eficacia y la eficiencia. O su símbolo marketinero.
El discurso representativo es apenas requerido para el día de renovación de los gestores, para motorizar las urnas.
Los CEOs re-presentan, ejecutando. Hacen presentes las estrategias y las políticas que están por encima del Estado. No necesitan de éste como ilusión de comunidad, sino como aparato, como organigrama vivo. Como departamento ejecutivo. Poner en marcha las decisiones supra-estatales. Hacerlas presentes, en acto.
Representación descarnada. El cinismo impúdico en lugar de la hipocresía de la simulación.
Representación genuina del poder. Mandaderos con el uniforme de la empresa, vienen a ejecutar sus órdenes sin simular ninguna queja. Ninguna demanda, diría el finado Laclau.

Esta parece ser la verdadera renovación de la política. El paso de la lógica discursiva del significante vacío a la lógica tecnócrata del significante pleno de dominación. Desnuda.
La vieja intelectualidad melló el arma de la crítica, ni supieron ni quisieron asumir la organicidad popular que proclamaron. De esos ni siquiera serán útiles los que se les opusieron desde el elitismo antipopulista de La Nación. Los Luis Alberto Romero, los Santiago Kovadloff.
Unos y otros han dejado el camino abierto a la verdadera nueva intelectualidad orgánica.
La de la lógica tecnócrata. Parece hasta simbólico el pasaje sin escalas del Ministro de Ciencia y Tecnología. El defensor de los agro-tóxicos de Monsanto. Camino también preparado para el makrismo. Como el swap de China.   
Para el discurso del Desarrollo y la legitimidad de la gestión eficaz, para la política como trabajo de dirigentes modernos en equipo, no hacen falta los discursos jauretchianos, patrioteros o dorreguistas. Porque no hace falta esconder a la Barrick  Gold, a Chevron, a Monsanto y al ISBC detrás suyo.
Para ese discurso son aptos los genuinos intelectuales orgánicos que pasan sin disimulo por las puertas giratorias de las empresas al estado. Ida y vuelta.
Los dirigentes modernos que trabajan en equipo son los nuevos intelectuales orgánicos del país normalizado que nos dejaron.

Fred Vargas es una escritora francesa de policial negra. Como suele acaecer el protagonista es un comisario fuera de serie acompañado de personajes secundarios no menos extraños. El de Vargas tiene un vecino español cuya manía es orinar en el jardín. Es manco, perdió el brazo en la guerra civil siendo niño. Es una metáfora de las cosas incompletas.
Al tiempo en que la esquirla lo mutilaba, Lucio se estaba rascando ese brazo que había sido picado por una araña. De vez en cuando rasca donde estaba porque, dice, no había terminado de  hacerlo.
Temo que si no nos ponemos un poco al día con las nuevas formas de dominación nos volveremos a quedar rascando en el vacío. Como les pasó a muchos de nuestros intelectuales, llamados así mismo orgánicos, rascándose en la picadura del Tío Cámpora y de Gelbart en la Vuelta de Obligado.

 Aun esquivando la tentación del guruísmo apocalíptico, creo que son previsibles las resistencias.
Si el asunto es así será cuestión de no caer en la trampa de los discursos sin horizonte.
Ni nuevos ni viejos. Porque ninguno de los dos es el nuestro.
Claro es que para rumbear para el horizonte no nos sirven los viejos reflejos.
Para ser anticapitalistas, si es lo que pretendemos, antes deberíamos arrimar, creo, a entender sus actuales procesos. Como para ser herejes antes hay que leer La Biblia.
No sirven las coartadas fáciles y perezosas.    



Edgardo Logiudice
Diciembre 11 de 2015.  



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