jueves, 15 de septiembre de 2016

Merodeando El Capital. 1.

Dinero.

El dinero es una mercancía para los pobres. Solamente ellos compran dinero. Lo hacen pagando con su trabajo.
Todo préstamo es una venta. Con el salario, el capitalista industrial le presta dinero  al obrero, porque el dinero del capital variable vuelve siempre a él.
El capitalista del capitalismo industrial, de cualquiera de sus sectores (industrial, comercial o financiero) vende dinero que se reembolsa con fuerza de trabajo, con el plus-trabajo contenido en la capacidad laboral. La única capaz de generar nueva riqueza, que es de lo que se apropia el capitalismo en su conjunto. La venta continua de dinero es lo que genera la acumulación a través de sucesivas metamorfosis.

Lo que hace circular el dinero no son las mercancías sino el título de propiedad sobre ellas. Los únicos que tienen efectivamente propiedad sobre las mercancías son los capitalistas. La propiedad es el poder de disposición de ellas.  
El título de propiedad de los asalariados sobre las mercancías es un título sobre la nada. Lo que parecen adquirir está destinado al consumo, es decir a desaparecer. Sólo alimenta la capacidad laboral que está a disposición de la clase de los capitalistas en la forma de fondo de salarios o capital variable. Aun de los bienes que no se consumen inmediatamente, al primer uso. Los bienes de uso, no son más que bienes consumibles. El uso no es más que un consumo diferido.

Los capitalistas, que disponen tanto de los medios de producción como de los de subsistencia, no basan su poder en el dinero como medio de circulación sino como títulos de propiedad sobre ellos. Los títulos no son más que la forma jurídico-ideológica del poder de disposición efectiva, es decir usarlos para generar nuevos bienes, riqueza, o destruirlos. Independientemente de su necesidad social.

El trabajo abstracto como singularidad empírica, divisible en unidades homogéneas de fuerza de trabajo, no se halla representado ya por el dinero, si es que pudo haber aparecido así.
La forma técnico productiva que lo hizo posible ha sido, en lo fundamental, desplazada por la robotización. El taylor-fordismo y sus derivados han sido relegados, subordinados a las nuevas formas de producción fundadas en las nuevas tecnologías.
Las nuevas tecnologías se dirigen a habilidades, capacidad laboral, diferenciadas. Capacidad diferenciada conforme a la especialización derivada del ensamblado de nuevas formas de división del trabajo. De allí que los productores ofrezcan su diferencia, su especialización o su originalidad.

En realidad el dinero nunca representó la equivalencia del trabajo abstracto intercambiado, porque nunca hubo intercambio, más que en la forma de la circulación. No hubo intercambio, ni de equivalentes ni de no-equivalentes. La clase capitalista crió la clase de los portadores de la capacidad laboral necesaria para la producción anticipándole los medios de subsistencia en forma de dinero, de títulos de propiedad de bienes consumibles para su reproducción como asalariados. Títulos de propiedad que no son más que vales por condiciones de vida. Ese es el verdadero carácter del salario. 

El dinero es un vale, una especie de voucher, como promesa de ser canjeable. No solamente un medio de pago. Esta función del dinero estaba más clara antes de su inconvertibilidad, primero por oro, después por dólares. Los bancos centrales se obligaban a convertir el papelito y el oro representaba un equivalente general.
Esa función de promesa (“pagaré al portador y a la vista”) atiende al futuro. Y a la confianza, en el cuño legal. Caracteres jurídico-ideológicos que portan todavía, por lo menos algunas monedas. Pero que, en realidad, nunca pasaron de eso, una promesa basada en la fe. Porque ese dinero siempre representó parcialmente bienes por el valor emitido, de allí la existencia de los llamados “encajes”, ya que de presentarse todos los billetes a la conversión los bancos quebrarían siempre.
De modo que el valor nominal del dinero es convencional, político. El dinero, estrictamente, ya no representa trabajo, sino en un solo sentido. El de la obligatoriedad del trabajo futuro.
Un medio de dominación, de asegurarse de que, en manos del asalariado o de cualquiera que viva de su trabajo, esté siempre obligado a hacerlo cuando la clase capitalista lo requiera y en la medida que lo haga.

Las nuevas formas productivas, el crecimiento de los servicios (y otras formas de servidumbres personales a las que quedan relegados los más pobres y menos adaptables), es el asiento de las nuevas formas de “retribución del trabajo”. No solamente el trabajo “informal” sino las subcontrataciones, el auto-empleo, etc.

En cualquiera de sus formas, porque el salario está siendo sustituido por esas otras formas “remunerativas”, lo que aparece como medida y pago de la fuerza de trabajo, no es más que un adelanto, un vale, para reproducir una determinada cantidad de portadores de capacidad laboral disponible. El aseguramiento de la continuidad de la dominación y la esclavitud.

El propio capitalismo pone en evidencia que esa es la función más relevante, haciendo que no lo vaya siendo para los intercambios. Al menos de dos maneras.
Una cuando las mayores transacciones son inter-empresarias y, entonces, el dinero se transforma en meros asientos contables. Otra, con la llamada economía colaborativa que no es más que una forma de trueque. Pero esto queda para otro merodeo.

Edgardo

Setiembre 2016. 

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