lunes, 2 de marzo de 2015

El pago soberano. Los mejores abogados de un deudor son los acreedores

El llamado neoliberalismo, es decir la forma política de la culminación de la dominación del capitalismo financiero, entre todas sus políticas privatizadoras emprendió la que quizá haya sido la atribución mayor de la soberanía estatal. La creación y gobierno de la moneda que caracterizó al Estado-Nación.
De ese juego, como a las patas de un burro roncador, jugó George Soros nada menos que contra la libra esterlina. Su fondo, Quantum Endowment, forzó al Banco de Inglaterra a devaluar la divisa en 1992. Parece que en 1997 hizo algo similar con Malasia.
El muy ingenioso titulero de Página 12 dice "No estamos Soros".
En verdad no lo estamos. Está también Kyle Bass que compró bonos griegos después de la crisis al 30% de su valor y, luego del cierre de Grecia con la tríada del Fondo Monetario, el Banco Mundial y la Unión Europea obtuvo ganancias superiores al 20% anual en euros. Que pagan los griegos, como se debe claro, con ajuste de cinturón.
Soros y Bass ya hicieron su negocios, quieren pasar por ventanilla y Griessa se opone.
Aliados nuestros, entonces, que queremos pagar. Los acreedores, abogados del deudor.
Pero contamos también con el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Argumenta claramente. El fallo de Griessa "alienta el comportamiento usurero, se torna en una amenaza para el funcionamiento de los mercados financieros internacionales y desafía un principio básico del capitalismo moderno: los deudores insolventes necesitan un nuevo comienzo".
Con este fallo, pronostica  "los prestatarios soberanos no van a confiar, ni deberían, en la imparcialidad y competencia del poder judicial norteamericano y el mercado para la emisión de dichos bonos se trasladará a otro lugar". Alerta. No asustar a la clientela.

Creo que, por lo menos desde cierta izquierda marxiana, podríamos recordar que es un préstamo de dinero a interés, crédito para el acreedor, deuda para el deudor. Que, cuando es de un Estado se llama soberana.
El préstamo es la venta de una mercancía que se llama dinero, cuyo precio es su valor que incluye un interés, que es la ganancia. Es una venta temporaria, tiene un plazo, y es condicional ya que lo prestado se debe devolver. Parecido a un alquiler pero que, a diferencia de éste donde, si lo alquilado se destruye no se puede devolver, dado que el dinero no huele, siempre puede ser reemplazado por una suma igual y, por lo tanto, siempre puede y debe ser devuelto. Tomo III de El Capital.  
El préstamo funciona siempre como un anticipo fundado en la confianza en esa devolución. Una confianza desconfiada, dado que el grado de confianza determina la razón, el porcentaje de interés.
Pero confianza al fin porque uno sólo es el que pone, no hay intercambio, de parte del deudor sólo hay una promesa, escrita pero promesa. El acreedor confía en la virtudes personales del deudor. Por eso se habla de honra.
El negocio del prestamista está en que siempre haya hombres honrados que le estén debiendo. Que existan siempre los que necesitan anticipos.
Los grandes prestamistas de hoy son los fondos financieros que actúan a la sombra de los bancos. El capital financiero que no tiene más patria ni domicilio que aquél donde pueda evadir mejor su origen y los impuestos. El fondo Quantum de Soros tiene domicilio fiscal en el paraíso de Curaçao. Soros confía en nosotros, no estamos solos. Quiere que sigamos siendo honrados y paguemos. Así, de paso, él también cobra lo que Griessa no le deja.
Después de todo Soros se jugó como cuarto mayor tenedor de acciones de YPF con 450 millones verdes. Después que los verdes ecológicos le impidieran regar, junto con un vicepresidente del Grupo Clarín, sus 1l.000 hectáreas de arroz, inundando los esteros del Iberá. Filántropo nuestro aliado pensaba en los pobres chinos.

El capital financiero no es dinero, es la concentración de la propiedad privada del trabajo social en forma de dinero. Dinero que, para seguir siendo capital, necesita venderse como cualquier mercancía. Cuando decimos que queremos pagar para obtener inversiones, como las chinas por ejemplo, estamos diciendo que queremos pagar para poder comprar dinero. No importa si un poco más caro o más barato. Los acreedores que quieren que nos dejen pagar quieren seguir manteniendo su negocio. Por eso Soros y Bass, como abogados nuestros, piden a los tribunales que se desbloqueen los fondos. El Nobel Stiglitz es transparente: si ahuyentamos a los clientes se cae el negocio. El capital financiero necesita seguir concentrando trabajo social en forma de interés. De dinero que engendra dinero. El valor de uso de la mercancía dinero. "Es en el capital a interés donde la relación de capital cobra su forma…más fetichista", escribió Marx. Los intereses que queremos pagar no son más que trabajo social. Trabajo social es el ajuste: más impuestos menos salarios. Desposesión de un lado, concentración del otro. Pagar significa mayor desigualdad.
Ese parece ser el significado de la epopeya del "pago soberano". Soberanos…

Alguna vez el viejo Marx fue joven, un joven estudioso, intuitivo e inconforme. Rebelde.
Por 1844 escribió a mano algunos textos conocidos como tales, Manuscritos. Entre ellos uno con el título de "Crédito y banca" que, al menos que yo sepa, no está traducido al castellano y que, me parece, viene al caso.
"El crédito es el juicio que la economía política tiene sobre la moralidad de un hombre".
En el crédito "un hombre reconoce a otro por el hecho de que le adelante valores. En el mejor de los casos…cuando [el prestamista] no es usurero, señala su confianza en su prójimo al no considerarle un bribón, sino como un hombre «bueno». Por «bueno», el acreedor, como Shylok, entiende solvente".
"Vemos que la vida de un pobre, sus talentos y su actividad son, a los ojos del rico una garantía de reembolso de lo prestado: dicho de otra manera, todas las virtudes sociales del pobre, el contenido de su actividad social, su existencia misma, representa para el rico el reembolso de su capital y de sus intereses. La muerte del pobre es, por lo tanto el peor accidente para el acreedor. Es la muerte del capital y los intereses".

A aquél joven no le dieron el Nobel de Economía. Stiglitz dice que la muerte del deudor "se torna en una amenaza para el funcionamiento de los mercados financieros internacionales". Por eso Griessa "desafía un principio básico del capitalismo moderno: los deudores insolventes necesitan un nuevo comienzo".

Los acreedores necesitan deudores vivos, es un principio básico del capitalismo moderno.
La muerte del deudor es la muerte del capital y los intereses. Soros y Bass nos necesitan vivos. No estamos sólos.


 Edgardo Logiudice. Agosto 2014.

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